Delirio o estrategia: los interrogantes que dejan los acuerdos de Javier Milei con la oposición y los nuevos oficialistas

«La política tiene que cambiar el chip con el que vino analizando todo hasta acá. No sólo para entender el fenómeno electoral que se dio en el balotaje, sino para comprender que todo los instrumentos con los que vinimos trabajando no sirven más», dice con insistencia, Joaquín De la Torre, quien seguramente, a través de su hermano Pablo, formará parte del futuro Gobierno de Javier Milei.

El presidente electo, sin embargo, parece estar desaprovechando una oportunidad histórica para conformar un Gobierno con musculatura política que le permita condicionar a los restantes sectores institucionales el apoyo a las impactantes propuestas que viene difundiendo.

El electorado, que terminó votando al libertario, está compuesto, con algún error técnico previsto, en su 30% directo más la sumatoria del 20% de macristas, peronistas no kirchneristas y algunos radicales «gorilas».

¿Por qué diablos no armó un gabinete y fortaleció acuerdos parlamentarios con estas características? Nadie lo sabe. Porque no solo es impericia, sino, también, un oculto síndrome de Estocolmo. Los lazos con Sergio Massa no se rompieron pero, además, como todo lo que se conoce de grande, la relación genera mayor encandilamiento.

Esa admiración con parecerse o acercarse al peronismo, en su caso menemista, es muy notable. Y puede hacerlo confundir. Todo lo que consiga negociando sin socios estables, puede desnudarlo a la vuelta de la esquina. El peronismo puede disimular demencia sólo si lo gobierna uno de ellos. Si es ajeno, como le pasó en el último período a Raúl Alfonsín o al propio Mauricio Macri, terminan siendo abandonados.

«Ojo, no te confundas. Tenemos que tener margen para armar nuestro propio. Porque una vez que te sentás con los del PRO o los cordobeses, por poco te preguntan ellos si querés participar del gobierno», le dijo a MDZ un importante legislador electo de La Libertad Avanza con recorrido bonaerense.

Es que en la provincia se empezará a construir parte del futuro político del presidente, que indudablemente tiene más cercanías con algunos intendentes que con otros. Que Diego Valenzuela lo haya ido a ver el jueves pasado con una caja de alfajores no fue por pura generosidad, o como lo expresó el intendente de Tres de Febrero, para «informarle la situación económico financiera de la provincia».

Cada jefe territorial quiere tener dominio de su territorio y ahí se incluyen los organismos nacionales vinculados con el Estado Nacional como el PAMI, Anses, Renaper, Ministerio de Trabajo y las sucursales del Banco Nación, si se puede tener también.

Es sobre este punto que algunos se sienten aliviados porque Carolina Píparo no consiguió tener el manejo del organismo por el cual se distribuyen los fondos de los planes sociales más importantes.

Hay lugares como la región norte del Conurbano bonaerense, por ejemplo, en los que Javier Milei tiene que administrar el manejo de estas áreas sensibles con intendentes que sabe, de antemano, tendrán una buena relación con él. Justo en la Primera Sección Electoral conviven en el manejo de esos organismos Soledad Martínez, Jaime Méndez, aliado directo de Joaquín De la Torre, y el propio Valenzuela.

Aquí también quieren terciar los referentes locales de La Libertad Avanza que realizaron una gran elección, casi empatando con Unión por la Patria en localidades en las que en octubre quedaron lejos, como General San Martín o Tigre, donde directamente desafectaron a los iniciales encargados libertarios de todo tipo de relaciones con el futuro Gobierno.

«Está bien que hayan colaborado en la fiscalización, nos relacionamos bien, hasta se podría decir que trabajamos en equipo. Pero a veces parece que no se dieran cuenta que los que ganamos fuimos nosotros y que Juntos por el Cambio terminó tercero», expresó un libertario que sabe que lo que empezó como aventura terminó como proeza.

En varios territorios los que acompañaron a Javier Milei, quien no conoce a la mayoría de sus dirigentes, ahora quieren iniciar un armado político que los deposite en las intendencias y cargos legislativos. Por eso a veces disfrutan porque los cambiemistas, que llegaron a brindar en la noche del 19 de noviembre, ahora no sepan muy bien qué hacer con la llegada del nuevo Gobierno.

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