Los cambios de Milei que no se entienden con el viejo manual de la política

No son tiempos para meter pesimismo sino verdad, la máxima que se pueda. Una buena mayoría de la gente votó: hagan, no rompan a Bullrich y Macri. Por ahora, siguen los enredos.

A veces, que suelen ser muchas, se olvida que en época de cambios interpretar la política con los manuales viejos tiene sus riesgos. Los nuevos están escribiéndose y siempre hay una carrera de interpretadores apurados.

Conviene cuidarse porque no son tiempos para meter pesimismo sino verdad, la máxima que se pueda. ¿Qué no es para tanto lo de los cambios? Para esto no se necesita manual: lo es. Milei, más que Macri, es un relevo del peronismo y del radicalismo, después de que ambos desplazaran, y se espera que para siempre, al partido militar. Con decir outsider no se dice todo.

Veamos qué pareció sacudir más el tablero de la semana. La designación con viaje de Caputo, ministro de Economía. La protocanciller Mondino mandándoles a los industriales una metáfora fuera de manual: vayan comprando generadores. Y Francos, superministro de la política, subiendo a la escudería Milei a su amigo del peronismo Scioli, precandidato a presidente de Alberto Fernández. “No lo entiendo”, dijo Fernández. Ya se sabe: no es la única cosa que Fernández no entiende.

Superando a Mondino, el propio Milei pasó el mensaje de estanflación para rato. Macri le había aconsejado que no repitiera el error que él había cometido al no avisar el paquete explosivo que le habían dejado. Un precursor en esto fue el checo Vaclav Havel, ese extraordinario intelectual y político al que le tocó ocuparse del terreno minado que en su país plantó el comunismo. Dijo: “Supongo que no me han propuesto en este cargo para que yo también les mienta. … Nuestro país no florece. No aprovecha el gran potencial creador e intelectual de nuestro pueblo… Este Estado que se autodenomina Estado de los obreros, humilla y explota a los obreros”.

Denunciar la herencia sin filtro ¿alarga o acorta la luna de miel de Miel con los millones que lo votaron? Nadie lo sabe. Sí se sabe que más que nada lo ayudará encontrar rápido equipo y eficacia en la gestión. Será el presidente con menos poder: ni un gobernador y tan flaco de legisladores (37 sobre 240 diputados) como se vio en la proclamación: apenas un puñado se acercó a felicitarlos a él y a la vice Villarruel. No sorprende que el kirchnerismo, al menos por educación, ni siquiera los haya saludado.

Milei es el enemigo, como se encargó de recordar Cristina, aquejada de un resentimiento crónico. La jefa del peronismo se pone a la cabeza de la resistencia. Repite lo que generó el amplio enojo de la sociedad que supo conseguirse. Podría pasarle lo que pasó con los planes de miedo: que se le vuelvan en contra.

Otro gran tema: si Bullrich se cortó sola cortándole a Macri, ¿ya su exjefe?, la estrategia de acompañar a Milei sin buscar ir del brazo aunque cuidando de estar siempre cerca. Si Bullrich cree que está para Seguridad por méritos ya ganados, okey. Pero si cree que los méritos son haberle añadido a Milei millones de votos, puede errar feo: fueron más bien votos anti K y anti Massa.

Tal vez, por no decir seguro que sí, una buena mayoría de la gente votó: hagan, no rompan. ¿Se siente Bullrich par de Macri pese a haber dejado a Juntos cola de perro? Todo a su tiempo y armoniosamente, remember. De ahí las vueltas con el candidato a presidir la Cámara de Diputados, puesto obligado a ejercer, para que las cosas salgan adelante, más política que la ejercida de muchos años a esta parte.

¿Quién convenía más a Milei? ¿Ritondo, del palo de Macri o Randazzo, aliado a Schiaretti? Cristina dijo que apoyará a un libertario y ayudó a Milei a zafar de tener que optar por uno, aunque también lo metió en el lío que ella buscaba. El lugar sería para un hijo de Eduardo Menem. Volvió a probarse: somos todos menemistas.

El trumpista Milei almorzó en Nueva York con Clinton, un ex que sigue vendiendo influencia. Armó la reunión el futuro embajador en Estados Unidos, Gerardo Werthein. La familia Werthein trajo un par de veces a Clinton a la Argentina. Política y negocios: Clinton les cobraba 250.000 dólares por visita. En uno de esos paseos cenaron con los Kirchner, en Recoleta.

La delegación de electos se entrevistó también con Sullivan y otros funcionarios del Consejo de Seguridad, donde se cocina la alta política norteamericana. Querían saber quién era y cómo pensaba Milei. Uno de ellos dijo que siguen sin saberlo.

Menos impulsivo, más moderado y corrido al centro, Milei no empieza sin embargo bien, enredado en el reclutamiento de ministros y la definición de políticas. El mayor despiste fue con Demian Reidel, un economista amigo suyo que vive en Estados Unidos y que, con Macri, desarmó el cepo. Hablaban a diario. Milei le propuso ser ministro y Reidel le dijo: “No es lo mío. Prefiero ayudarte desde el Central”. Lo ilusionaba una revancha en la gestión, donde piensa que fracasó. Pero se bajó apenas supo que Caputo había convocado a gente de su palo. “Javier: si Caputo habla con los banqueros, ¿qué voy a hacer yo?” Milei le prometió que sería la última vez. No lo convenció.

Milei tendrá ayuda, porque la mezcla de fracaso económico y corrupción sigue llenando de odio a la gente. Lo último: descubrir cómo uno de los históricos capo mafia del juego, Daniel Mautone, servía y se servía de Insaurralde, ex jefe de gabinete de Kicillof, para lavarle dinero. Lo reveló Alconada Mon en La Nación.

Mautone, que empezó vendiendo quiniela clandestina, vive en el exclusivo Barrio Parque. Tiene 8 bingos y 5 casinos, varios en sociedad con Daniel Angelici, otro íntimo de Insaurralde, el del de yategate. Luego de la pandemia, la Provincia le dio la licencia para Betson, empresa de apuestas online. No fue difícil: Insaurralde manejaba el organismo del juego. Increíble o no tanto: aún hoy lo sigue manejando.

Con toda seguridad, no faltarán más trapos y trapitos al sol. Todo lo contrario.

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