Rusia, una «economía de guerra» de última generación

Rusia, una “economía de guerra” de última generación

El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que la economía rusa crecería 2,6% en 2024, más del doble de lo que había previsto en octubre del año pasado. Ello ocurre cuando Rusia ha recibido más de 500 sanciones comerciales de EE.UU y la Unión Europea (UE) a partir de 2014, cuando se anexionó la Península de Crimea; y es especialmente notable que suceda después de la invasión que realizó de Ucrania el 24 de febrero de 2022.

Conviene recordar que EE.UU se apoderó de más de US$300.000 millones de reservas del Banco Central de Moscú, en lo que constituyó el mayor y más eficaz asalto cibernético de la historia contemporánea. El hecho subyacente a esta situación es que Vladimir Putin ha logrado convertir a Rusia en una “economía de guerra” de última generación; y lo ha conseguido con la construcción de un “Complejo Militar-Industrial” con la tecnología propia del siglo XXI.

El significado histórico del fenómeno Vladimir Putin es el siguiente: el colapso de la Unión Soviética en 1991 no solo arrasó con el régimen comunista fundado por Lenin 74 años atrás, sino que también derrumbó al Estado ruso creado por los Romanov en 1604; y esta doble implosión produjo un inmenso vacío geopolítico en el corazón de la masa Euroasiática.

Putin se hizo cargo del poder en 1999 y en 20 años logró reconstruir al Estado ruso, y terminar con una situación de anarquía y completa desintegración. De esta manera logró revertir el inmenso vacío de poder que produjo la doble implosión de 1991.

La estructura económica que surgió estaba constituida por unos 25.000 grandes conglomerados de nula inversión, baja productividad y bajísimos salarios, cuya titularidad correspondía a los “oligarcas”, que eran los antiguos burócratas soviéticos que se apoderaron de las empresas estatales en una gigantesca rapiña histórica denominada “privatizaciones”.

La novedad ahora es que Putin ha logrado desplegar en el “Complejo Militar-Industrial” un sistema capitalista altamente dinámico dotado de la tecnología del siglo XXI. El gobierno de Putin le paga adelantado al “Complejo Militar-Industrial” hasta 80% de sus contratos de producción, sujeto a condiciones de eficacia y de precisión propios de un ejército de avanzada; y esto con la mitad aproximadamente de esos grandes conglomerados.

Por eso lo que lo caracteriza es un crecimiento notable y acumulado de la productividad, lo que el régimen soviético nunca logró, y fue, por lo contrario, un destructor sistemático de valor por su nula capacidad de innovación.

Precisamente Ronald Reagan (1980/1988) logró destruir al sistema soviético al duplicar año tras año el presupuesto militar de EE.UU; y sobre todo al desplegar su “Iniciativa de Defensa Espacial” (o “Guerra de las Galaxias”) que fue el instrumento final – y letal – que impulsó la implosión soviética de 1989/1991.

El gasto de defensa de Rusia aumentó 4 puntos del producto los últimos 3 años; y lo asombroso es que esto no produjo un extraordinario sobrecalentamiento de la economía, con la consiguiente explosión inflacionaria; y ello ocurrió debido a que el aumento de la productividad logrado por el “Complejo Militar-Industrial” la compensó sobradamente.

Nada de esto hubiera sido posible con la estructura económica que existía en Rusia en el período previo del acceso de Putin al poder en 1999/2000. La certidumbre de Putin sobre que este era el camino se confirmó plenamente cuando advirtió que en Ucrania enfrentaba fundamentalmente a EE.UU y la OTAN – esto es, el capitalismo más avanzado del siglo XXI -, y solo subsidiariamente a Ucrania.

El 2° movimiento estratégico de Putin consistió en volcarse al Asia, y en 1° lugar a China e India, la 2° y 3° economía del mundo. Esto se revela en el hecho de que comenzó a utilizar en sus transacciones internacionales crecientemente la moneda china – yuan o renminbí -; y el resultado fue que solo utilizaba el yuan para el 3% de su comercio internacional en 2019, y ahora alcanza a casi 50% del total, en una tendencia nítidamente ascendente.

Por eso es que el comercio internacional de Rusia con China se ha duplicado en los últimos 2 años, y se ha triplicado el de India; y en estos 2 casos la mayor parte tramita en la divisa de la República Popular, yuan o renminbí.

Las sanciones comerciales impuestas por EE.UU y la Unión Europea a Rusia buscaban aislarla de la economía mundial, y de esa manera pretendían frenar su ímpetu en la Guerra de Ucrania, hasta forzarla a perder su status de gran potencia militar. Los acontecimientos han demostrado que un país de 17,5 millones de km2 – el más extenso del planeta – no puede aislarse, y la idea de que puede ser cercado y expulsado de la economía mundial es un no-concepto.

La razón de fondo es que a partir de 2008/2009 – crisis financiera internacional – la revolución de la técnica ha producido la integración completa del sistema capitalista; y este es un proceso irreversible, y el signo de la época.

EE.UU, el país de la tecnología y la innovación, ha intentado una empresa sin final; y que, contra el lenguaje de la técnica que es el de la instantaneidad y la digitalización, nada puede su superioridad militar y la hegemonía irrestricta del dólar como moneda global.

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