Saludos particulares del Papa, el temor de Javier Milei y la reaparición de Mauricio Macri

Los carnavales de Milei

El Carnaval, diríase en el léxico mileista, es una suspensión temporal de todas las regulaciones. Es un momento de permisividad y descontrol, de bailes y efusiones lacrimosas que quiebran la solemnidad de los santuarios -fueran los de Jerusalén o del Vaticano-.

Antecede a la cuaresma, el tiempo de la reflexión y la austeridad. El Carnaval termina con la llegada de Semana Santa de los católicos, que es cuando se recupera la vigencia de las regulaciones, el bufón guarda la careta y el disfraz y ya no puede hacerle burlas al monarca. Se le terminan las licencias para mofarse del régimen establecido que lo puso en el rol de bufón y que soñó, por un instante carnavalesco, descalificar.

El punto más alto de la carnavalización han sido el nonato proyecto de ley ómnibus y el DNU 70, que pende de un hilo en el Congreso y en la justicia. Demora su final porque el Congreso ha agotado la agenda de las sesiones extraordinarias, que terminan el jueves de esta semana, además del feriado rabioso hasta el miércoles, y encima con un martes 13.

No parece posible que antes del cierre del período el peronismo del Senado logre que la vicepresidente convoque a una sesión de la Cámara para tratar (de voltear) el DNU 70. El rechazo de la ley ómnibus ocurrió por obra de los 154 votos que tumbaron uno de los incisos de esa norma, que hubiera permitido que el Ejecutivo metiera la mano en dos de los fondos fiduciarios que financian a las provincias.

En esa votación obraron más de un centenar de votos del arco integrado por el peronismo y la izquierda. La réplica en el Senado contra el DNU nace de las críticas a esa norma por parte de senadores que responden a Río Negro, Corrientes, y Entre Ríos, que se suman a los 33 del peronismo de José Mayans.

Hasta ahora se mantenían los 39 que había abroquelado Juan Carlos Romero para sacar al cristinismo de la casa, pero el lote que rechaza el DNU llega a 36. Le falta un voto para arrancar una sesión especial que Victoria Villarroel demora contra viento y marea, so riesgo de que se le judicialice la changa. A esos 36 se pueden sumar radicales como Martín Lousteau que rechazan el DNU.

Tensiones mamantulianas

Los mirones vaticanos agregan morbo a este momento del Senado. Lejos de ser un rebelde, Milei tiene una actitud reverencial ante el poder. Lo mostró al lotear su Gabinete entre las grandes corporaciones, al echarse en brazos de Macri al ganar, en lagrimear en el abrazo del papa Francisco.

Hablando en plata, también lo prueba la distancia que mostró ante el matrimonio del gobernador de Santiago del Estero Gerardo Zamora y Claudia Abdala en la reunión del Papa con los asistentes a la canonización de Mama Antula. Mantuvo la compostura ante Jorge Macri, sentado a su lado, pero eludió efusiones con el gobernador Zamora, que junto a su mujer le vigilaron el Senado a los Kirchner desde la presidencia provisional de la Cámara.

Hoy la senadora Abdala tiene un voto de oro para tumbar o no el DNU de las mil maravillas. También hay recuerdos amargos. En Santiago del Estero la fórmula Massa-Rossi le ganó a la de Milei por casi 40 puntos: 68,51% a 31,49%. Zamora es un peso pesado de la oposición y tratar con él requiere preparación especial.

Él estuvo también en el acto de este domingo, pero el Papa limitó los saludos a Milei, Jorge Macri y a algún acompañante como Guillermo Francos –a quienes se acercó en la silla de ruedas–. El ministro del Interior fue alumno de Bergoglio en el Salvador, y el Papa recordó entre risas: «- A vos te agarré copiándote» (se oyen risas).

Minués celestiales

El Papa es un monarca que cuenta con recursos para despejar contradicciones. Uno es la silla de ruedas. Si se acerca o elude a algún aplaudidor, tiene el pretexto de que se la maneja otro. Este domingo el asistente papal condujo la silla según la mejor conveniencia del Pontífice. La mantuvo lejos de los empresarios y también de don Francisco Sánchez, secretario de Culto in péctore, insultador del Santo Padre.

Otro recurso son los ardides de agenda. Para este lunes el Papa lo tiene anotado a Milei a las 9 AM. Le reserva media hora. Antes, lo tiene al presidente de Tanzania, y a las 9:30, recibe nada menos que a Mariana Mazzucato. Es la economista estrella de la izquierda global. Integró el Consejo Económico que manejó Gustavo Béliz bajo el gobierno de Alberto y sus libros son lectura recomendada de Cristina de Kirchner.

En marzo del año pasado, siendo vicepresidente, Cristina sugirió a los alumnos que la escuchaban en la Universidad de Río Negro: «- Les recomiendo un libro de Mariana Mazzucato, El Estado emprendedor, que desmitifica que la innovación tecnológica proviene del sector privado». Integra una «Comisión Pontificia por la Vida» y eso le da un cartel especial en el Vaticano.

Las tres lepras del alma

Este descansadero del feriado más que largo lo ocuparán los cruces y requiebros del argentinazo que copó el Vaticano en estas horas. Las miradas se fijaron en los gestos del Papa Francisco en la canonización de Mama Antula, y las volverán a clavar este lunes en el palacio pontificio, adonde estará Milei para su encuentro personal con el Papa.

Los actos de este domingo tuvieron miga por el sermón del Papa, que siempre tiene contenido parabólico. Lo más fuerte fue la expresión que toca a muchas conductas: «Miedo, prejuicio y falsa religiosidad -dijo- he aquí tres causas de una gran injusticia, tres ‘lepras del alma’ que hacen sufrir a una persona débil descartándola como un desecho».

También, frente a Milei, rescató «esa caridad que no busca publicidad y no tiene necesidad de aplausos, porque al amor le basta el amor». La Iglesia admite en Milei su fe y las señales de un proceso de conversión. Repara, sin embargo, que sin caridad no hay conversión. Y advierte que en el discurso del presidente las palabras «caridad» y «pobres» están ausentes.

Hasta la reunión de este lunes con Milei, todas son extravagancias, como rechazarle la invitación a un almuerzo al presidente de Italia Sergio Mattarella. No como, mandó a decir. Le ponemos lo que quiera en plato, replicaron. Con un café basta, remató el presidente.

O las especulaciones sobre las fuentes de energía: se resistió a ocupar la residencia del embajador en Roma porque no había aire acondicionado. Había 14° y la calefacción funcionaba. No le bastó al hombre que pide siempre que le pongan el split en 16°. Paseó por Roma, dijo, para gastar energías. Las resguarda en su atuendo de Joe Pesci -campera de cuero negra- y las agita, según los entornistas, con energizantes de uso legal, del tipo Monster Mango Loco.

La fusión, un juego de palabras

Mauricio Macri festejó los 65 años en Cumelén con un puñado de amigos –Eugenio Burzaco, Joaquín de la Torre, Guillermo Dietrich– haciendo ejercicios de mesa de arena. Lo empujan las filtraciones que promueve el Gobierno para acelerar la formación de un bloque legislativo que remiende la derrota de la ley ómnibus, sumando voluntades del PRO a La Libertad Avanza.

Es un proyecto que llevó -como supo en su momento el lector de esta columna- Patricia Bullrich la primera semana después del triunfo de Milei: «-Los votos son nuestros, tuyos y míos, unamos los partidos». No lo aceptaron ni Milei ni Macri.

Es en el fondo un juego de palabras. Fusionar esos dos partidos implica entregarle el gobierno al PRO; porque LLA es un sello de goma que no tiene peso político. Lo prueba como gestionó con torpeza e ignorancia el trámite en Diputados. Se sumó la inexperiencia de Milei, que adolece de un atributo central en cualquier jefatura: no identifica su propio interés y, en consecuencia, no lo defiende.

Un gobierno que, sin partido, ni votos (29%), ni legisladores ni territorio ni gobernadores, logra 144 votos para la aprobación en general del proyecto, tiene un capital político inconmensurable, que debe aprovechar en beneficio propio. Milei, por el contrario, lo dinamita con palabras y con hechos.

O no conoce cuál es su interés, o tiene un objetivo que no es construir. Eso lo convierte en un actor débil de esta comedia, porque tiene enfrente a Macri y al peronismo que saben defender su interés, como también lo hacen los bloques de los «normales» que lo apoyan, pero con condiciones.

Juntarse para abrir, no para cerrar

El ensayo de abrazarse con Milei no es nuevo. Antes de las PASO de agosto del año pasado, la mesa nacional de Cambiemos sesionó para discutir, por moción de Macri, la incorporación de Milei a la coalición. La mesa, con un comunicado que redactó en público en una notebook Patricia Bullrich, rechazó ese ingreso. Sólo admitió el de José Luis Espert, y no para ser candidato a presidente.

Macri habló con Milei antes del viaje del presidente a Israel y consintió la charla sobre un acercamiento formal entre el PRO y el oficialismo. Los dos tienen razones para hacerlo. Entienden que el destino de cada cual depende del otro. Tienen el mismo electorado. Si le va bien a Milei, lo corona a Macri; si se cae, lo hunde. Temen cada uno que el otro licue su poder, pero ese es el riesgo de toda coalición. La dificultad más importante es la diferencia de método.

Milei es un ideólogo de cabotaje, no un político -lo prueba que no reconozca ni defienda su interés- y monta su gestión en la confrontación contra todos. Para él el país es una porquería, los políticos son unos villanos y sólo él «la ve». Macri, que tiene experiencia ejecutiva, quiere que cualquier acercamiento abra puertas y no las cierre. Que permita sumar a los sectores que alimentaron de buena fe los 144 votos del sí a la aprobación en general.

Allí están, además del PRO y LLA, la UCR, el bloque Hacemos, provinciales y silvestres. En ese proyecto anota su intención de ser elegido en lista única como presidente del PRO. Macri se ocupa de hablar con Patricia Bullrich -que está en el gabinete- y Horacio Rodríguez Larreta- que está en contra de que el PRO ingrese formalmente al gobierno de Milei.

Bullrich encarna la política c

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