A cuatro años de la pandemia, lo que llegó para quedarse

A cuatro años de la pandemia, lo que llegó para quedarse

Hay cosas que quedarán en la memoria para siempre. Algunas buenas y otras no tanto. El último penal de Gonzalo Montiel en el mundial de Qatar, la asunción de algún presidente, el atentado a la AMIA o las torres gemelas, el día que Maradona falleció y varios otros. Estos recuerdos imborrables, esas huellas quedarán para siempre en nuestro ser. Por supuesto que dependerá de factores tales como que te interese el fútbol o la paz del mundo o que te afecte lo que le suceda a otros que no seas vos. Sin embargo la pandemia es un hecho que nos afectó a todos y más. Un hecho social, que vino a romper el orden establecido de la sociedad posmoderna y que deja una marca en la humanidad a nivel global como pocas veces antes. Hoy, cuatro años después de que la OMS declarara la pandemia de COVID 19, el impacto persiste aunque se haya abandonado la emergencia sanitaria. Una impresión quedó en cada uno de nosotros.

Cuando la pandemia se desató, nadie podía prever la magnitud de sus consecuencias y cómo afectaría a nuestras vidas personales y también profesionales. Desde entonces, el mundo del trabajo experimentó una transformación profunda y duradera. Como psicólogo con más de treinta años de experiencia en consultoría de recursos humanos y psicología clínica, tuve la oportunidad de presenciar de cerca los cambios y desafíos que surgieron en este nuevo escenario laboral y que me llevó a investigar sobre el tema.

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Las personas y las organizaciones de trabajo tuvieron que adaptarse rápidamente para mantener la continuidad de sus operaciones en medio de un entorno incierto y volátil. El trabajo remoto se convirtió en la norma, las interacciones laborales se trasladaron a plataformas digitales y las estructuras tradicionales se vieron desafiadas por nuevas formas de organización y gestión. Todo esto es muy fácil de escribir, pero los cambios los hicieron las personas a fuerza de tiempo, esfuerzo y también sacrificio, en una situación desesperada, donde había que mantener el sustento personal y familiar.

Ahora, desde una distancia más o menos segura, es importante explorar los efectos más destacados que la pandemia dejó en el mundo del trabajo después de cuatro años. Analizar cómo la transformación digital y el trabajo remoto remodelaron nuestra forma de trabajar y cómo las organizaciones tuvieron que adaptarse para sobrevivir y prosperar en un entorno altamente cambiante. También examinar el impacto en la relación de los trabajadores y las empresas y cómo el liderazgo y la gestión de equipos evolucionaron para enfrentar los desafíos actuales.

Tampoco está de más reflexionar sobre el papel de la resiliencia, la adaptabilidad y también el agotamiento, en este nuevo panorama laboral. La capacidad de recuperación individual y organizacional demostró ser un recurso valioso para superar obstáculos y enfrentar la incertidumbre. ¿Cómo hicieron los trabajadores para desarrollar habilidades de adaptación y aprendizaje continuo para enfrentar los cambios constantes? ¿Y cómo hacen las organizaciones para seguir priorizando el bienestar emocional y la salud mental de sus empleados?

Los caminos de la pandemia

La pandemia también nos llevó a reevaluar nuestras prioridades y buscar un mayor propósito en el trabajo. La insatisfacción laboral y el deseo de encontrar un significado más profundo en nuestras vidas fueron impulsos importantes para que muchas personas abandonen las empresas. Al fin y al cabo, la pandemia resultó ser un catalizador para la búsqueda de un propósito más significativo en el trabajo, un proceso que impactó en la satisfacción y realización laboral.

Estos son algunos de los frentes que el COVID-19 abrió de manera dramática en el mundo del trabajo.

1. Transformación digital y el trabajo remoto

Cada vez son más los argentinos que trabajan remoto para el exterior.

Uno de los cambios más notables fue la aceleración de la transformación digital y la adopción masiva del trabajo remoto. Al principio de la pandemia tuvimos que aprender a trabajar de modo virtual, casi sin experiencia. Una vez que superamos esa prueba, el trabajo remoto en su versión total o híbrido que combina lo presencial con lo virtual, llegó para quedarse. Las organizaciones se vieron obligadas a adaptarse rápidamente, implementando tecnologías digitales para facilitar la comunicación y colaboración a distancia. Se podría decir que, cuatro años después, el trabajo remoto se consolidó y demostró sus beneficios en términos de flexibilidad y conciliación de la vida laboral y personal.

Aunque aparezcan aún detractores del trabajo remoto y algunos famosos CEO que instan a las personas a volver a las oficinas, esto solo se hará con un fuerte costo político, y una gran pérdida de talento humano. La única posibilidad de que el trabajo presencial sea una elección es allí donde se encuentre una necesidad y un propósito. Es decir una presencialidad que valga la pena. El trabajo remoto al mismo tiempo tiene riesgos por supuesto. Entre otros:

a) La posibilidad de quedar aislados en nuestro trabajo sin poder aprender de los otros.

b) El mayor esfuerzo que conlleva armar equipos virtuales o híbridos.

c) La dificultad para desconectar del trabajo virtual cuando nos envían un mail a cualquier hora.

d) El mantenimiento del bienestar emocional de los colaboradores a la distancia.

e) El temor a la pérdida de productividad de parte de los trabajadores.

2. Cambios en las organizaciones y la cultura del trabajo

La pandemia impulsó la reevaluación de las prácticas de la organización y gestión del trabajo. Las estructuras jerárquicas tradicionales dieron paso a formas más horizontales y ágiles de trabajo, como el enfoque en proyectos y la flexibilidad horaria. Pero al mismo tiempo que las empresas intentan ser más ágiles los empleados se van desencantando del mundo empresarial. En este contexto aparecen nuevos paradigmas de trabajo y trabajar para una gran empresa ya no es un destino soñado, sobre todo entre las generaciones más jóvenes.

El paradigma del empleo deja lugar a modalidades más atractivas para estas nuevas generaciones que se lanzan al trabajo en la postpandemia. Un ejemplo claro es el romanticismo de ser “tu propio jefe” a través del emprendimiento propio que escale en unicornio. O el trabajo nómade o el ecosistema freelance, que cada vez tiene más adeptos entre aquellos que no valoran la estabilidad y sí la posibilidad de diversificar experiencias para ser cada vez más empleables.

Para ser atractivas, las organizaciones de trabajo tuvieron que priorizar algunos aspectos más del tipo “club de amigos” y, al mismo tiempo, poner foco en el bienestar de sus empleados, implementando medidas para un mayor reconocimiento, con un enfoque renovado en el equilibrio emocional y el bienestar.

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Foto: Shutterstock

3. Resiliencia y agotamiento

La capacidad de adaptación y la resiliencia fueron fundamentales en el mundo del trabajo postpandemia. Tanto los empleados como las organizaciones debieron enfrentar cambios y desafíos constantes. La resiliencia individual y organizacional se transformó en un recurso invaluable para superar obstáculos y hacer frente a la incertidumbre. Además, se puso un mayor énfasis en el aprendizaje continuo y el desarrollo de habilidades que permiten a los profesionales adaptarse a un entorno laboral en constante evolución.

Pero el uso excesivo de la adaptación y la resiliencia hace que estemos atravesados por un agotamiento extremo. En este sentido, la carga laboral, la falta de certezas políticas y económicas, un mundo convulsionado y la falta de perspectiva es un cóctel explosivo para nosotros. Allí se da la puja diaria entre la búsqueda de la productividad por parte de las empresas y el agotamiento extremo de parte de los trabajadores que luego puede devenir en la posibilidad cada vez más presente de sufrir de estrés, ansiedad y depresión. El riesgo actual es que estemos frente a una “nueva pandemia”, pero en este caso una pandemia que afecta la salud mental.

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4. Cambios en los estilos de liderazgo

La relación entre los líderes y los colaboradores registró uno de los cambios más significativos. Durante la pandemia, muchos líderes empresariales se encontraron en una situación sin precedentes, donde tuvieron que lidiar con desafíos y preocupaciones que iban más allá de sus roles tradicionales de gestión. La crisis sanitaria y sus consecuencias impactan tanto en la vida personal como laboral de los empleados y requirieron una atención especial a la salud mental y el bienestar emocional. Los limites entre lo laboral y lo personal en muchos casos se borraron.

En ese contexto, los líderes (supervisores, jefes, gerentes) se vieron en la necesidad de adoptar un enfoque más empático y comprensivo, brindando apoyo emocional a sus equipos. Tanto es así que muchos managers me decían: “estoy haciendo mas de psicólogo que de administrador de empresas, o estoy haciendo mas de psicólogo que de ingeniero”. Esa actitud se basó en reconocer que los empleados estaban enfrentando situaciones difíciles, como el estrés, la ansiedad, el aislamiento social y, en algunos casos, el duelo debido a la pérdida de seres queridos.

Los líderes asumieron un papel para ellos “similar” al de los psicólogos al ofrecer escucha activa, comprensión y empatía hacia los desafíos personales y emocionales de sus empleados. Esto implicó brindar espacios seguros para que los empleados compartieran sus preocupaciones, expresaran sus emociones y recibieran el apoyo necesario. Sin ninguna duda esta expectativa llegó para quedarse. No se trata por supuesto de poner “divanes” en las empresas, pero sí tener una posición orientada al bienestar de las personas y los equipos de trabajo.

La visión de liderazgo

Por eso es fundamental contar con líderes que sean cercanos y hábiles para comunicar de manera abierta y transparente. Que sean conscientes de cómo impacta su estilo de liderazgo en el clima laboral y el día a día del trabajo. En el mundo post pandemia se espera que los líderes sean promotores de la salud mental y el bienestar. Que puedan demostrar empatía y comprensión, brindando apoyo emocional y alentando a los empleados a expresar sus emociones. Creando mejores lugares para trabajar, con ambientes de confianza y seguridad psicológica, donde los empleados se sintieron respaldados, reconocidos y comprendidos.

Es importante tener en cuenta que, si bien los líderes asumieron un papel más cercano al de los psicólogos durante la pandemia, no reemplazan la necesidad de profesionales de la salud mental. Su enfoque se centró en brindar apoyo emocional y fomentar un entorno de trabajo saludable, reconociendo la importancia de la salud mental en el desempeño laboral y el bienestar general de los empleados. Es probable que este enfoque en la salud mental y el apoyo emocional perdure en el contexto postpandemia, ya que se evidenció la importancia de cuidar el bienestar de los empleados. Los líderes empresariales reconocieron que un enfoque más humano no solo beneficia a los empleados, sino que también contribuye a la productividad, la retención de talento y la construcción de una cultura empresarial saludable.

5. Resignificación de prioridades y propósito

“En tres años voy a ser jefe, en cinco gerente, meto un MBA a los treinta”. Este y muchos más planes que estaban vigentes antes de la pandemia volaron por los aires con la llegada del coronavirus. Hacer carrera en una empresa tomó otra significación. La pandemia llevó a muchas personas a reevaluar sus prioridades y buscar un mayor propósito en su trabajo. La crisis sirvió como un catalizador para reflexionar sobre la importancia de encontrar significado y satisfacción en lo que hacemos.

Muchos trabajadores buscaron -y buscan- una mayor alineación entre sus valores personales y las organizaciones en las que trabajan. Se aceleraron nuevos valores que los trabajadores reclaman a las empresas, como la sustentabilidad, la diversidad y la inclusión. La búsqueda de un propósito significativo en el trabajo se erigió en un objetivo clave en la actualidad. La búsqueda de un propósito significativo en el trabajo es un tema relevante, especialmente después de la pandemia. Los profesionales vivieron una reevaluación y resignificación de sus prioridades e identificaron la importancia de encontrar un mayor significado y satisfacción en lo que hacen. Dejando de lado para siempre el lema “vivir para trabajar” y detrás del deseo de “trabajar para vivir”.

La crisis sanitaria global actuó como un catalizador para esta reflexión, ya que generó situaciones de incertidumbre sobre la continuidad de nuestras vidas. La pandemia nos arrojó en la cara la certeza de que los seres humanos somos finitos. Si sabemos que vamos a morir, nos tenemos que preguntar cómo queremos vivir. Esto llevó a muchas personas a cuestionar el propósito y el sentido de su trabajo. Muchos sintieron la necesidad de encontrar un equilibrio entre el éxito profesional y la realización personal, priorizando la conexión con un propósito más profundo en su vida personal y poniendo en un plano secundario lo laboral.

En este contexto, los trabajadores que pueden elegir desean una mayor alineación entre sus valores personales y las organizaciones en las que trabajan. Ya no se conforman con un empleo simplemente remunerado, sino que desean sentirse conectados con la misión y los valores de la empresa. Quieren contribuir a algo más grande que ellos mismos y hacer una diferencia positiva en el mundo a través de su trabajo.

La búsqueda de un propósito significativo en el trabajo implica encontrar tanto una tarea, como jefes y pares que sea coherente con los valores personales, permitiendo que las habilidades y talentos individuales se utilicen de una manera que tenga un impacto positivo. Las personas buscan sentirse realizados y satisfechos con el trabajo que realizan, sabiendo que están contribuyendo a algo más allá de las ganancias financieras.

Esta tendencia refleja un cambio en la mentalidad pospandemica, donde el éxito se mide no sólo en términos de logros y estatus, sino también en la satisfacción y la sensación de propósito en el trabajo. La búsqueda de un propósito significativo en el trabajo se instaló como un objetivo clave para muchas personas y en ese sentido las organizaciones deben cada vez ser más conscientes de la importancia de cultivar una cultura que promueva este sentido de propósito para brindar sentido y satisfacción en sus empleados.

Algunas conclusiones:

Cuatro años después de la declaración de la pandemia, el mundo del trabajo experimentó una transformación profunda y duradera. La adopción acelerada de la tecnología, el aumento del trabajo remoto, los cambios esperados en los estilos de liderazgo, la importancia de la resiliencia y el agotamiento, y la reevaluación de prioridades y propósito son algunos de los aspectos destacados que emergieron en este nuevo escenario laboral. Si bien la pandemia presentó desafíos significativos, también brindó oportunidades para repensar la forma en que trabajamos y nos relacionamos en el ámbito laboral.

A medida que avanzamos hacia el futuro, es importante aprender las lecciones que la pandemia nos dejó. Debemos seguir fomentando la flexibilidad, centrando las organizaciones de trabajo en las personas y fomentando el aprendizaje en nuestras organizaciones y en nosotros mismos. Es fundamental mantener un enfoque cultural en el bienestar emocional de los empleados y en la construcción de relaciones laborales basadas en la confianza y la colaboración.

La pandemia construyó un recordatorio poderoso de nuestra capacidad para adaptarnos y superar desafíos. A medida que seguimos avanzando en el mundo post-COVID, es esencial aprovechar estos aspectos transformadores que surgieron en el mundo del trabajo y utilizarlos como base para construir un entorno laboral más saludable, resiliente y significativo.

Aquella pesadilla del coronavirus modificó los modos de organización del trabajo tal como se conocían hasta ahora. Conmovió a una de las áreas más importantes del sujeto humano que tiene que ver con todas sus rutinas y con su identidad subjetiva: el trabajo. Las personas tuvieron que desarrollar diferentes readecuaciones psicológicas sobre la marcha sin posibilidad de prevenir los riesgos psicosociales del cambio los que, a su vez, provocaron implicancias no solo en su salud física y mental sino, también, en las condiciones laborales en los diversos procesos productivos y en la organización del trabajo en su totalidad .

En el actual mundo VICA (volátil, incierto, complejo y ambiguo), la pandemia de la COVID-19 potenció dichas características; esto se dio de un modo más acentuado aún en el trabajo. Lo excepcional e inédito de la pandemia provocó un nuevo orden en cada aspecto de la vida de los trabajadores.

Está claro que la pandemia provocó transformaciones en el mundo laboral que llegaron para quedarse. Una innumerable cantidad de investigaciones apuntan que el trabajo post pandemia tiene nuevos modos de organización por parte de las empresas y nuevos significados para los trabajadores. Las diferentes empresas del mundo tienen que construir nuevos puentes entre lo que ocurría en el pasado (cuando la mayoría de los empleados estaban físicamente presentes en el trabajo) y el momento pospandemico actual.

* Diego Quindimil es psicólogo, speaker y director de la consultora Contenido Humano. Es autor del libro “Mundo Post Covid: La psicología del trabajo tras la pandemia” (Ediciones Granica). En Instagram: @contenidohumano

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