Curitas y Lexotanil, por Roberto García

Curitas y Lexotanil

Bajo el remanido apotegma de “es la economía, estúpido”, Joe Biden supone que logrará la reelección en noviembre. A pesar de lo que dicen las encuestas en su contra, hay un dato objetivo a favor del presidente-candidato: se considera que los norteamericanos pocas veces, han vivido mejor económicamente que en la actual Administración (poco desempleo, dominio de la inflación, mayor consumo, prosperidad). Ese estado de animo, la vigencia del dicho, justifica la decisión demócrata de intentar una repetición con Biden. A su vez, su rival Donald Trump –con ventaja en las encuestas– también sustenta su aspiración, entre otras condiciones, en que la economía de EE.UU. disfrutará de más sustentabilidad si él logra vencer en los comicios. Halagüeño panorama si uno incluye a Javier Milei en el cuadro: está conectado con los dos postulantes, revela preferencias por el republicano, pero su sino político no se desvía de una alineación global con Washington, cualquiera sea el elegido este año. Se garantiza estabilidad hasta noviembre y confraternidad luego de esa fecha. Casi una decisión de Estado, menemista tal vez, oportuna.

Ofrece a cambio, un rol en la región, de acuerdo a su pensamiento y más acorde con los intereses del Norte: actuar como piensa, proceder como se ha expresado. No le cuesta ser genuino para levantar una bandera liberal, antiizquierda. Lo disfruta. Además, debe pensar que si no se resfrían este año los Estados Unidos, estará vacunado ante cualquier sacudón en los mercados, le confían los dos grandes partidos. En ese curso, las acciones y títulos le sonríen a la Argentina, solo le falta el respaldo de un préstamo por 15 mil millones de dólares del FMI. Esa cobertura probable le permite a Milei convertirse en una pieza clave de la región, no solo por la importancia territorial de la Argentina: se transforma en protagonista de una tendencia que enfrenta a los gobiernos populistas influidos por Cuba, lidera facciones (ya hay partidos mileistas en Chile y Uruguay), se burla de López Obrador, Petro, Maduro, Díaz Canel, seguramente Ortega y hasta Lula. Toca la melodía más dulce que los oídos de EE.UU. pueden escuchar y despacha una colección de insultos a sus colegas latinoamericanos que ruborizan al socialismo y a sectores bien pensantes. Justo los que olvidan que Fidel Castro emprendió esa falta de cortesía a partir de los años 60, cuando recorría de punta a punta el diccionario de agravios y, por si fuera poco, se permitía confesar que Cuba enviaba tropas insurgentes para voltear las administraciones que no le gustaban. De diplomacia ni hablar. Hoy el argentino culpa de asesino, dictador, terrorista e ignorante a sus colegas del continente, el barbudo de la isla oscilaba entre el “lameculos” y el “lamebotas”, mezclado con “bufones y sirvientes” a sus rivales.

Aparte del favoritismo simultáneo de demócratas y republicanos –y de buena parte de la colectividad judía que esta semana lo premia al Presidente y a su hermana en Miami–, ya se vuelve común la llegada de figuras dominantes de los Estados Unidos al país (Elon Musk), altos militares, funcionarios de primera línea, titulares de Fondos y bancos, algunos excéntricos en la disponibilidad del bolsillo: apenas siete miembros de un grupo aterrizaron en un 747 luego de ocuparlo para ellos solos y poder dormir bien, mientras que por “falta de tiempo” Milei no pudo recibir a la CEO del Citi y le endosó la responsabilidad al ministro Caputo. En otros tiempos, los presidentes iban a visitar al hotel a esos prominentes.

Por seguir a su jefe de Estado a pie juntillas, la canciller Mondino –personalidad disruptiva que le gusta al mandatario y no tanto a su hermana– incurre en desviaciones poco profesionales, de afirmar insólitamente que los improperios del Presidente a otros colegas no complican las relaciones (hay que distinguir a Milei de la Nación, según ella) o pedir likes a sus mensajes para superar en las redes al mandatario de México. Mientras despide personal en su ministerio e intima a jubilarse a embajadores con ciertas expectativas (por ejemplo, Luis María Kreckler, Enrique Luis Vaca Narvaja, Mónica Clarisa Avogadro, Gustavo Alberto Martino, César Speroni, Carlos Federico Tagle, Marcelo Buffetti, Claudia Zampieri, Guillermo Camarotta, Cristhian Dellepiane Rawson y Alejandra Pico Estrada, entre otros). Alboroto en la “casa” donde nadie hace nada, como el embajador en Caracas al que enviarán ahora a Senegal y al que no podían ubicar siquiera por teléfono cuando ingresaban perseguidos del régimen para asilarse en la embajada.

Avanzó en cambio, la aprobación del Senado a los embajadores propuestos por Milei, lo único que logró el Gobierno del Congreso desde que se instaló en la Casa Rosada, ya que fracasó en cien días con el DNU y la ley ómnibus. Hubo, obvio, un entendimiento que parecía extenderse a un pacto mayor con las provincias esta semana. Sin embargo, Milei volvió a ordenar la supresión de fondos fiduciarios y de asistencia, recortes que lo malquistan con los gobernadores y ponen en peligro el avance sobre la ley. Malas noticias para Guillermo Francos, el operador, quien urde negociaciones y acude a reparar lo que rompe Milei. Aunque también él se equivocó en el inicio de la gestión al reunirse con todos los gobernadores en bloque, unificándolos como malón –recreando una liga que parecía extinta–, en cambio, ahora lo hace con pocos, en caprichosa discriminación, pero tal vez con mejores resultados. Milei, igual, le hará la vida difícil: no tolera retroceder si pone en riesgo el déficit cero, trabajo contable del ministro Caputo. Entonces, a Francos le queda repartir Curitas y algún Lexotanil, quizás insuficientes para tantas demandas.

COMENTARIOS