Comedores repletos y ausentismo escolar, el detrás de la pobreza

Comedores repletos y ausentismo escolar, el detrás de la pobreza

En el primer trimestre del año, Argentina sumó 3,2 millones de pobres. Según un estudio de la Universidad Torcuato Di Tella, el 48,3% de la población está bajo la línea de pobreza. El salto que se produjo en los últimos tres meses fue el mayor aumento trimestral desde que se toma este mismo registro, en 2016. En diciembre la pobreza alcanzaba al 41,7%.

El crecimiento en el número se siente en la vida diaria: escuelas, comedores, el consumo en los pequeños comercios y la compra de medicamentos, que afecta principalmente a los jubilados.

“A principios de mayo vi a una alumna que no había visto nunca en la escuela. Le pregunté: ‘¿por qué faltaste?, ¿por qué no te conozco?’ Y me dijo: ‘los miércoles y los viernes no vengo porque mis papás no tienen plata para pagarme el colectivo, ni para la nafta. Entonces no puedo venir los cinco días de la semana’”, comentó a PERFIL Paula Nader, que es docente de una institución pública con doble jornada.

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Los niños son los más afectados por los índices de pobreza. Según el último informe del Indec la pobreza alcanzaba al 58,4% de la población entre 0 y 14 años en diciembre. El número es considerablemente mayor al promedio general.

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“Otro alumno me dijo que en su casa se está haciendo difícil comer, por lo que los martes no puede ir. Junta las horas para poder asistir lo más posible a las materias. Y como él, hay tantos que no dirán nada”, agregó Nader. “Doy clases en una escuela de arte y les tengo que pedir muchas veces material, lápiz, goma, hojas para dibujar, y se está haciendo muy difícil. Vienen sin nada a la escuela, o casi nada”, explicó. El ausentismo no solamente afecta el rendimiento y el derecho a estudiar, sino también a la alimentación. “La cooperadora fue consciente de que este año la alimentación es una necesidad muy importante, y les dan algo a la mañana y a la hora del almuerzo”.

Según los últimos datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, en 2023 un niño de 3 a 5 años del estrato medio alto tenía 3,5 veces más posibilidades de asistir a un centro educativo en comparación con sus pares en el estrato más bajo. En el caso de los adolescentes esta diferencia se amplía a 5.

“La pobreza se nota por la cantidad de gente que viene al comedor. La gente que está encargada de ir atender el comedor dice que vienen tres familias nuevas por día”, afirmó Margarita Barrientos. “Es gente que tiene trabajo y a la que igualmente no le alcanza el dinero”, agregó.

“También se nota en la calle. En la gente a la que se ve tirando de un carro y nunca lo habían hecho. Nos han tocado familias que decían que no tenían para pagar el alquiler, otros se sostenían con las cositas que iban vendiendo: un ventilador, un televisor, las camitas de los chicos. Es gente que no quiere vivir en la calle. ¿Quién quiere vivir en la calle, no?”.

Según los datos del último censo de población 2962 personas estaban en situación de calle en el año 2022. El 60% de ellas vive en Buenos Aires y en Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La situación en el interior del país es distinta pero no por eso menos crítica. Barrientos pudo reabrir su comedor en Santiago del Estero, donde según los datos oficiales 50 personas estaban en situación de calle en 2022, pero en donde la pobreza alcanzaba, en diciembre de 2023, al 53,2% de la población.

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“Acá hay mucha necesidad. Pude abrir el comedor que tuve algunos meses cerrado con ayuda de Desarrollo Social. Hay muchos chicos de bajo peso, desnutridos, que no van a la escuela porque tienen que salir a trabajar con su papá”, explicó Barrientos.

Los números oficiales de diciembre estimaron la pobreza en 17,6% para la población de 65 años o más. “Es una medición muy mala, muy antigua respecto a la situación real”, explicó el Defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino.

“Si miramos por ingresos prácticamente el 80% de los 8 millones de jubilados están bajo la línea de pobreza”.

El principal indicador de la pobreza en este grupo de edad es el de la salud. “El jubilado tiene que optar entre comer o tomar el medicamento”. Eso es grave, explicó Semino, porque lo primero que se deja de consumir son los medicamentos para afecciones crónicas asintomáticas. “Hay patologías que mientras tengas atención y control no pasa nada. Cuando esto no ocurre estallan las etapas agudas con consecuencias irreversibles o graves”.

El aumento de las tarifas, que muchos jubilados no pueden afrontar, genera otros problemas. “Por la falta de alternativas se empieza a ahorrar en calefacción, que se paga con neumonías”, concluyó.

“Lo que estoy viendo son dificultades graves para poder sostener los tratamientos, porque los medicamentos no están llegando en la cantidad que se necesita y la gente no los puede comprar”, explicó a PERFIL el médico Santiago Martínez. “Hablo de medicación crónica, pero también de medicamentos para los problemas agudos que van surgiendo en el día a día”. Otro aspecto que afecta a la salud es la alimentación. “Hay problemas serios para poder sostener una alimentación adecuada, siquiera también para sostener la alimentación”.

El deterioro de la salud mental también se siente en los consultorios. “Hay toda una situación de ansiedad social que existe ante la falta de trabajo y las dificultades para poder conseguir el dinero necesario”, afirmó Martínez. “Las cuestiones de ansiedad determinan un montón de problemas: depresión, crisis de pánico, situaciones de violencia, autolesiones. Eso sí vemos muchísimo. Se ha roto el tejido social de contención y con esta situación económica precaria, sobre todo en sectores que no estaban acostumbrados a pasar por estas cuestiones, es muy notorio”.

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Frente a esta realidad, concluyó, “hay cada vez menos profesionales dentro del sector público, por lo que las enfermedades se van complejizando por la falta de controles, algo que impacta especialmente en las personas más pobres”.

El grupo etario más afectado por la pobreza, según el Indec, es el que va de los 30 a los 64 años, ya que el porcentaje en este caso es del 63,2%. Son quienes precisamente están en edad de trabajar y que siguen acumulando pérdidas en su salario en relación con la inflación.

“La gente compra lo necesario para el día. Van un poquito más al negocio de proximidad, porque van más a las compras de urgencia. Antes capaz podías stockear un poco”, comentó Héctor González Paván, comerciante y miembro de la Confederación General de Almaceneros. “Como almacenero me tengo que cuidar al máximo y no stockearme yo también”.

Por la crisis de larga data, la venta de productos fraccionados ya se impuso hace algunos meses. “La gente te dice: ‘¿Podés venderme la mitad de un zapallo?’ Y se lo cortamos. Los clientes para el almacenero son como de la familia”, concluyó.

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