Despidos en la Biblioteca Nacional: ¿relevamiento o purga?

Despidos en la Biblioteca Nacional: ¿relevamiento o purga?

El último 27 de marzo fuimos despedidos, por correo electrónico y sin aviso ni explicación, 120 trabajadores de la Biblioteca Nacional. Cito el escueto contenido del comunicado emitido por la nueva dirección de la institución, único contacto que tuve con un funcionario entrante:

“Me dirijo a Ud. a fin de informarle que a resultas del relevamiento ordenado por el artículo 4º del Decreto N° 84/23, su contrato bajo el régimen previsto en el artículo 9º del Anexo a la ley No 25.164 y su respectiva reglamentación, no será renovado, a partir del 1º de abril de 2024”.

Muchos son los motivos de esta carta pública:

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Asumir la responsabilidad ética que me toca y contar la verdad sobre el supuesto “relevamiento” invocado: nunca se nos dio la oportunidad de presentar, defender o justificar nuestro trabajo realizado y en curso ante la nueva dirección.

Demostrar que las listas de despedidos son arbitrarias y se confeccionaron sin ningún criterio que las legitime en términos de eficiencia, productividad, responsabilidad, presentismo, capacidad o formación académica.

Convencer a quienes creen que el nuevo gobierno está limpiando el Estado de vagos y ñoquis, de que en realidad, está dejando en la calle gente trabajadora, sacrificada, comprometida y estudiosa, y en una gran mayoría de casos, está truncando la carrera de quienes dedicamos una vida de esfuerzo y amor anuestra profesión.

Aclarar que no solo se están eliminando puestos de trabajo, sino que, como en mi caso particular, se están interrumpiendo proyectos científicos institucionales en los que se invirtió tiempo y dinero y de los que ahora nadie responde.

Incentivar a que otros compañeros despedidos se animen a contar su historia, porque el miedo, el silencio, el aislamiento, la apatía, la desesperanza y la condescendencia de los dirigidos es más peligrosa que la previsible crueldad de los dirigentes.

Proyecto. Estudié música en la Escuela de Música Popular de Avellaneda y Letras en la Universidad de Buenos Aires y fui contratado como investigador de la Biblioteca Nacional en 2020. Mi responsabilidad principal fue llevar adelante “Música en la lengua”, un proyecto editorial que, con fines didácticos, publicaría la propia editorial de la institución.

¿Qué es Música en la lengua? Un trabajo de relevamiento, análisis y caracterización de las formas de versificación en nuestro idioma cuyo método consiste en representar la correlación entre la forma musical y la forma lírica a través del concepto matemático de “grupo de simetrías”. Un texto de divulgación científica necesario y ausente en los programas de estudio oficiales, tanto en las escuelas de música popular y conservatorios clásicos como en las carreras de letras de las universidades y profesorados nacionales, es decir, una solución práctica para una vacancia relevante en el ámbito de la educación musical y literaria en todos sus niveles.

Rastreé y organicé un extenso corpus bibliográfico de documentos medievales, renacentistas, barrocos, clasicistas y románticos en los que se podía comprobar la fijación escrita de las mismas formas acústicas que estructuran nuestra poesía lírica americana desde el siglo XIX hasta la actualidad, concebí un sistema teórico que permitiera representar a través de fórmulas breves los rasgos musicales universales de nuestra lengua poética y alcancé a redactar la primera parte del libro, completando varios capítulos que incluyen la introducción, la formulación de la tesis principal, la comprobación experimental del sistema en un amplio repertorio de casos, el estado de la cuestión y la comparación con los modelos preexistentes.

Luego de cuatro años de trabajo, el proyecto fue interrumpido por la nueva dirección sin siquiera haberlo revisado, ya que, como dije antes, los funcionarios entrantes nunca me consultaron sobre mis tareas realizadas y en curso.

Simultáneamente, fui conductor, guionista y músico de Escrito en el aire, un programa televisivo de divulgación científica y cultural producido por la Biblioteca Nacional para la pantalla de Canal Encuentro y la TV Pública, del que generosamente participaron Lidia Borda, Hernán Castiello, Nadia Larcher, Charo Bogarín, Juan Quintero, Susy Shock, Brian Chambouleyron, Emanuel Gabotto, Luciana Jury, Juan Subirá, Sofía Viola, Ruth Hillar, Juan Pablo Fernández Bussy, Flor Bobadilla Oliva, Carina Carriqueo y Martín Prestía. La serie, que hoy puede verse por completo en YouTube, duró dos temporadas, tuvo una gran repercusión a lo largo de todo el país y fue también discontinuada sin explicación.

Participé además, como músico y actor de La otra aventura, otra serie producida por la Biblioteca Nacional para la TV Pública, grabé el Cielito federal recopilado por Atilio Reynoso en el marco de la muestra de El mito gaucho, y expuse avances de mi investigación en curso en la mesa sobre literatura gauchesca del ciclo El verso argentino; intervenciones también registradas en YouTube.

Mi caso es solo uno entre 120 despidos de trabajadores esenciales para el funcionamiento de una Biblioteca Nacional que implica el depósito de libros, varias salas de lectura, los mostradores de atención al público, la hemeroteca, el departamento de música y materiales audiovisuales y multimediales, la editorial, la biblioteca para ciegos, la escuela de bibliotecarios, los equipos de digitalización, restauración y conservación del patrimonio, los catalogadores, la dirección técnica bibliotecológica, los técnicos de mantenimiento y de sistemas, los auditorios y sus operadores, el museo del libro y de la lengua, el centro de historieta y humor gráfico, las direcciones de cultura, de investigación, de prensa y comunicación, de administración, de recursos humanos, de medicina laboral, la sala del tesoro, los responsables de las visitas guiadas, etc.

Todo funciona con un mínimo indispensable de personal especializado que realiza día a día un esfuerzo enorme por un sueldo básico. Todos cumplimos con un estricto régimen de horarios y asistencia monitoreado a través del sistema de fichaje de los molinetes de entrada y salida del edificio. Todos somos necesarios para que nuestra Biblioteca Nacional cumpla su función social con la dignidad que se merece. Todos asumimos con orgullo la responsabilidad de estudiar, preservar, transmitir y divulgar un patrimonio cultural que nos define como nación.

Una sociedad nihilista que desconfía de sus pares desconfía también de sí misma y se resigna a ser gobernada por la envidia y el resentimiento y a que su único sentido o propósito sea la devaluación y destrucción del trabajo ajeno. Somos también las instituciones que nos representan: la familia, la amistad, la comunidad, la Patria, el Estado y la Biblioteca, el organismo que resguarda nuestra memoria escrita. Despreciarlas es despreciarnos; son dos formas de una sola falta de fe, en ellas y en nosotros mismos.

*Músico.

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