El día después de la tragedia climática en Río Grande del Sur

El día después de la tragedia climática en Río Grande del Sur

SAN PABLO

Después de visitar la ciudad de Guaíba, vecina de Porto Alegre, se torna difícil escuchar las necias argumentaciones de los “negacionistas” de los cambios climáticos, para quiénes apenas son inventos de científicos y ONGs. La ciudad, que es parte del cinturón metropolitano la capital de Río Grande del Sur, figura entre las más afectadas por el vendaval que azotó ese estado sureño de Brasil. Según las mediciones de los expertos en hidrología, entre el 25 de abril y el 15 de mayo el volumen de lluvias fue hasta 10 veces mayor que la media histórica de la región.

La destrucción dejada por este temporal es, sin embargo, “consecuencia de los extremos climáticos que vive Brasil y que puede continuar impactando en el país a lo largo de 2024” subrayó el especialista Humberto Barbosa. “Brasil es un país muy vulnerable a los cambios del clima. Tenemos que ser conscientes de que debemos adaptarnos a un aumento de la temperatura de 1,5 grados centígrados” apuntó Ana Toni, economista y politóloga a cargo de la secretaría nacional de Cambios Climáticos y Medio Ambiente, en el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. A eso se le suma, según la funcionaria, que “hay dificultades en entender que la adaptación pesa más que la mitigación: los municipios no están preparados para adaptarse a los cambios del clima y sus impactos. No hay planes para enfrentar las catástrofes”.

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Guaíba es una de las 461 ciudades afectadas que abarcan el 96% de los municipios del territorio riograndense. Sus habitantes ya consiguieron retornar a sus casas. Lo que encontraron fue tan solo “destrucción y barro cubriendo pisos, paredes y muebles”. Uno de ellos relató que su dormitorio “está dado vuelta y no creo que pueda recuperarlo; todo está extremadamente sucio. La heladera que boyaba en la cocina, ya no tiene reparación”. Para el vecino “esto es como la guerra en Ucrania, pero sin bombas”.

En Brasil, la tristeza no tiene fin y las lluvias parece que tampoco.

El joven profesor universitario Silveira, con residencia en Guaíba, sabía que iría a encontrar su vivienda devastada: “Mi madre me envió un video para alertarme sobre lo que iría a ver en el momento de llegar a casa”. Ahora, confiesa que “me despierto soñando que, de nuevo, el agua y la lama invaden mi barrio”. En el camino de retorno, la vista genera desasosiego. La mayor parte del trayecto mostró que el agua no ha descendido como se hubiera deseado y hay, todavía, unas especies de lagunas de donde emergen las partes superiores de las residencias. Y en aquellos lugares donde las aguas bajaron, hay pilas kilométricas de basura: son sofás, camas, ropas, juguetes, fotos, aparatos de TV y hasta computadores, que la inundación arrastró.

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Los números son abismales: hay más de medio millón de personas que debieron ser desalojadas. El aluvión demolió los fundamentos de 340.000 edificaciones residenciales, comerciales e iglesias, y destruyó las instalaciones de 800 hospitales y consultorios.También el cataclismo acuático invadió y destruyó las sedes de 660 escuelas y universidades. Los datos los acaba de revelar el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Las áreas más pobres, las más castigadas

El desastre abarca un área de 3.500 kilómetros cuadrados, una superficie 17 veces mayor que la ciudad de Buenos Aires y que supera, incluso, la suma de la gigante San Pablo mas Río de Janeiro. Según el Observatorio de Metrópolis de la Universidad de Rio Grande del Sur, las áreas donde el desastre tuvo mayor peso fue “en las más pobres”.

El especialista Barbosa, que coordina el Laboratorio de Procesamiento de imágenes de Satélite (en la Universidad Federal de Alagoas), advierte que “este año, en función de las masas de aire, el país está con perspectivas de vivir otros colapsos”; algunos provocados por otras inundaciones en el país, o por las altas temperaturas. “Estos eventos extremos se originan por variaciones muy fuertes de humedad (exceso o deficiencia) y son provocados no solo por la naturaleza sino por la acción del hombre”.

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Los meteorólogos advierten que el Norte del país puede sufrir catástrofes climáticas: “Ondas invisibles de alta y baja presión que vienen de África, pueden llegar al país a partir de ahora y provocar intensas lluvias en la región nordestina”.

Pero un diagnóstico preciso, exige “muchos datos y la infraestructura de datos, en Brasil, es precaria con menor desarrollado que en los países centrales”. Esa es una investigación clave que lleva adelante el Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (CEMADEM). “Para reducir el riesgo de calamidades precisamos tener un monitoreo constante, que nos de información a priori, antes de que sobrevenga el evento climático” indicó la coordinadora del organismo, Regina Aval.

LT

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