Por qué importan las elecciones presidenciales en México

Las elecciones de este domingo en México tienen una ganadora considerada segura, la candidata oficialista Claudia Sheinbaum, ya veremos por qué. Pero ese resultado previsible no reduce el significado de este acontecimiento en la nación de habla hispana más poblada del mundo. Entre los 20 mil cargos, cifra récord, que renovarán los más de cien millones de mexicanos en condiciones de votar, aparte del presidente y nueve gobernadores, figuran de modo relevante las 628 bancas del Congreso.

Si los cálculos del mandatario saliente, el polémico socialdemócrata Andrés Manuel López Obrador, son correctos estas urnas serán el trampolín para un cambio histórico de la institucionalidad del país, incluyendo su polémico proyecto de reforma de la Constitución. Una ambición típica de esta dirigencia en casi toda la región, pero en México una colina muy difícil de conquistar.

AMLO, como se conoce a este peculiar político que construyó un productivo y oportunista perfil “de izquierda”, ha exhibido una característica ejecutiva que sus aliados de esa vereda en la región perdieron de vista: comprendió que el poder de largo plazo se afirma en el éxito económico.

Ese pragmatismo explica su comodidad con Donald Trump presidente, aun cuando el magnate equiparaba a los mexicanos con mafiosos y violadores, y también su hábil aprovechamiento de la vecindad norteamericana con Joe Biden. Bajo el mandato de AMLO, México desplazó a China como el primer socio comercial de EE.UU., lo elevó al umbral de los 10 países con el más poderoso PBI del mundo y cuarto receptor de turismo a nivel global.

Un estudio detallado de la empresa Mëthodo, especializada en consultaría estratégica de Latinoamérica, consigna que “el líder de Morena gobernó en la pandemia manteniendo una economía estable, en el cual el peso mexicano terminó apreciándose más de 25% y las divisas que entraron al país crecieron año tras año”. Explicaciones para el 70% de aprobación con que deja el poder. Es lo que asegura el resultado de las urnas. La principal oposición carga, en cambio, con gran parte de lo peor del pasado.

López Obrador ha tenido también su propia casta para demonizar. Son los “conservadores”, una canasta difusa donde amontonó a empresarios, intelectuales, periodistas, las ONG de derechos humanos y “hasta a la clase media en su conjunto”, señala un estudio de los historiadores Patrick Iber de EE.UU. y Humberto Beck de México, publicado en 2022 en Nueva Sociedad. “Lo único que los une es que AMLO los percibe a todos como adversarios”, señalan.

La utopía de la "soberanía energética"

La gestión del líder mexicano se envolvió en una serie de utopías regresivas, como el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso llamaba a esos fervores por un pasado que suele ser más imaginado que real. En el caso de AMLO ha sido la búsqueda de la “soberanía energética”, el país petrolero que se perdió en la década de los 80. Aunque es difícil suponer que se trató de un retroceso porque la economía se diversificó y mejoró a los niveles actuales.

Pemex, la petrolera estatal, ha sido central en los planes del mandatario y de su narrativa “revolucionaria”. Le otorgó a esa compañía, profundamente endeudada, un aluvión de dinero público, incluidos créditos fiscales y beneficios presupuestarios. También rehabilitó antiguas refinerías, comenzó la construcción de una nueva planta y hasta adquirió otra en Texas.

El objetivo de la “soberanía energética” aparece también detrás de la propuesta presidencial de transformar de manera drástica el mercado nacional de energía eléctrica relegando a las empresas privadas y fortaleciendo a la compañía estatal. Según el gobierno, la legislación actual "despilfarra miles de millones de dólares en subsidios a empresas privadas"..

Gran parte de esas utopías no fueron logradas en su primer intento, lo pretende en el segundo con su candidata. Para ello necesita este domingo lograr una supermayoría en el Congreso que le permitiría modificar la Constitución.

Integrantes del Ejercito Mexicano y de la Guardia Nacional mientras patrullan las principales avenidas en la ciudad de Morelia en Michoacán. Foto EFEIntegrantes del Ejercito Mexicano y de la Guardia Nacional mientras patrullan las principales avenidas en la ciudad de Morelia en Michoacán. Foto EFE

En su borrador pretende la elección de jueces por voto popular, un dato complicado en un país abrumado por el narcotráfico; cerrar agencias reguladoras independientes y aumentar el control gubernamental sobre la autoridad de supervisión electoral. Vale recordar que en las legislativas de junio de 2021, Morena ganó en la mayoría de los Estados en disputa pero retrocedió en Diputados. Lo mismo puede suceder ahora.

AMLO cuenta con fuerte apoyo de los sectores de clase media y media baja que consiguió aprovechando el abismo de corrupción e ineficiencia de su antecesor del PRI, Enrique Peña Nieto. Ese partido, que gobernó 70 años consecutivos como una monarquía autoritaria, con el “dedazo” en lugar de la democracia interna, es uno de los socios de la principal alianza opositora que encabeza la candidata Xóchitl Gálvez.

La apoyan, además, el PAN de centro derecha y el PRD, el viejo partido de AMLO. Un lastre, sobre todo el PRI, que explica sus números hacia abajo en las encuestas, siempre discutibles, pero uniformes en la predicción: 54% a favor de la oficialista, contra 34% de la alternativa.

Otra ventaja considerable del oficialismo es que, al revés que otros gobiernos de la región, como Argentina, el país se reactivó después de la pandemia, indica Mëthodo. “Los recursos adicionales sirvieron para programas de asistencia social a los sectores más vulnerables como los adultos mayores, las madres solteras, los adolescentes en los primeros años con edad universitaria y todas las personas con algún grado de discapacidad. El aumento de los salarios mínimos alcanzará valores superiores al 120% en su sexenio”.

Los candidatos a la presidencia de México, la oficialista Claudia Sheinbaum (i) y los opositores Jorge Álvarez Máynez (c) y Xóchitl Gálvez (d), durante sus cierres de campaña. Foto EFELos candidatos a la presidencia de México, la oficialista Claudia Sheinbaum (i) y los opositores Jorge Álvarez Máynez (c) y Xóchitl Gálvez (d), durante sus cierres de campaña. Foto EFE

Esos apoyos cosecharon, sin embargo, una singular ambigüedad. Según esta consultora, que analizó 5,3 millones de interacciones de usuarios en el último cuatrimestre, “en las conversaciones espontáneas de los mexicanos (y sobre todo en el de las mexicanas) el temor por la vida de sus hijos crecía de manera exponencial. Sus principales causas residían en cuestiones vinculadas al narcotráfico y la violencia y a la ausencia de una salud pública ágil, democrática y de calidad”.

López Obrador, que asumió el poder en 2018, no es el único responsable del desmadre que imponen las mafias. La violencia empeoró después de la transición de México a la democracia a fines de la década de 1990 y nuevamente después de que el presidente Felipe Calderón lanzó su fallida “guerra militar contra las drogas” en 2006. Las pandillas se multiplicaron y contraatacaron creciendo desde el campo a las ciudades.

AMLO mantuvo al ejército en las calles, pero al revés que Calderón, ordenó a los soldados que no se enfrentaran a las pandillas. Una versión amable sostiene que buscaba de ese modo un apaciguamiento. No funcionó. Con 180.000 asesinatos en los últimos seis años, el mandato de López Obrador ha sido el período más mortífero registrado en México. Las desapariciones, en su mayoría asesinatos sin que se encuentre ningún cuerpo, también han aumentado.

Un golpe gubernamental a la policía

Al mismo tiempo, sorprendentemente, el presidente desmanteló la Policía Federal. Muchos eran corruptos, pero no todos. Una investigación de The Economist señala que esa fuerza, que contaba con especialistas entrenados por el FBI, fue relevada por una Guardia Nacional formada por soldados no capacitados para la tarea policial. La estadística es rotunda: en 2018 la Policía Federal produjo 21.700 arrestos de delincuentes; en 2022 la Guardia Nacional detuvo a sólo 2.814 con una amenaza multiplicada.

Crisis Group, una ONG especializada, citada en la investigación del medio británico, señala que en 2021 las principales pandillas operaban en una quinta parte de los 2.500 municipios de México, frente al 11% en 2010. En estados como Guerrero, Zacatecas y Michoacán, las bandas reforzaron su control y actúan con más descaro.

López Obrador, por el contrario, ha negado y restado importancia de modo insistente a la violencia, y en ocasiones incluso ha llamado a los hampones “gente respetable”.

Este es uno de los mayores desafíos que esperan a la oficialista Sheinbaum, pretenda o no diferenciarse de su mentor. Al menos 64 candidatos, sus familiares o dirigentes de sus partidos han sido asesinados en esta campaña por las mafias. Los consideraron poco amistosos, es decir no controlables. Grave señal.

COMENTARIOS