El viaje de Costa Méndez a Cuba y el exabrupto de Galtieri: “Con mi amigo Fidel pondremos de rodillas a la Thatcher”

A principios de junio de 1982, la guerra de Malvinas ingresaba en una fase decisiva. En nuestro país, la junta militar tenía grietas: la Fuerza Aérea sentía que peleaba en soledad. Una reunión del Movimiento de Países No Alineados en La Habana fue la excusa para pedir el auxilio cubano, el mismo país que había entrenado a la guerrilla de Montoneros y ERP. Las acrobacias en los discursos para justificar esa acción diplomática y la opinión de los Estados Unidos

osta Méndez, el canciller nicaragüense y Fidel Castro en una reunión bien regada en La Habana

El miércoles 2 de junio de 1982, el canciller Nicanor Costa Méndez acompañado por una nutrida delegación viajó a La Habana, previa escala en Brasilia, donde conversó con su par Ramiro Saraiva Guerreiro. En Brasil dijo que la Argentina no solicitaría ayuda a la URSS o a Cuba, mientras que el general Galtieri en Buenos Aires daba a entender otra cosa: “La Argentina recibirá la mano de quien se la quiera dar”, dijo al ser preguntado sobre una posible ayuda de Moscú. El enfrentamiento con el Reino Unido estaba a dos semanas de terminar pero en ese momento nadie lo podía vaticinar. El día anterior a las 9 de la mañana se había reunido la Junta Militar en el edificio Libertador mientras la flota británica bombardeaba Puerto Argentino. El análisis de la situación comenzó con un informe de Inteligencia realizado por el Estado Mayor Conjunto (el J II-Inteligencia era el contralmirante Salvio Olegario Menéndez). Las “apreciaciones” establecían “movimientos de helicópteros al norte” de la capital de las Malvinas” y que “el enemigo procuraba ubicar sus fuerzas sobre las principales calles de aproximación a Puerto Argentino”. Tratando de intentar alguna salida diplomática el canciller Nicanor Costa Méndez había tomado la decisión de viajar a La Habana para participar de una cumbre de Países No Alineados. Todo era improvisación, tanto él como Leopoldo Fortunato Galtieri hasta hacía menos de tres meses no querían ni acercarse a ese grupo donde Fidel Castro mantenía una fuerte influencia, lo mismo que el libio Gadafi. Cuando llego a Buenos Aires, tras sus fracasadas gestiones en Washington y Nueva York, el mismo 29 de mayo conversó con Galtieri en Campo de Mayo, acompañado por sus “edecanes” que lo seguían a sol y a sombra (brigadier José Miret, contralmirante Benito Moya y general Héctor Iglesias). Según relató más tarde José Miret el presidente de facto argentino, con marcada excitación, poniéndose de pie, exclamó: “Bueno, ahora irán a La Habana con mi amigo Fidel Castro haremos poner de rodillas a la Thatcher”. Miret, con cautela observó: “General, creo que no tengo nada que hacer en la delegación que va a Cuba. Además éste tema debo conversarlo con mi comandante.”

Cuando terminó la reunión, Miret se dirigió al domicilio del brigadier general Basilio Lami Dozo, llegando cerca de la una de la madrugada. Sorprendido, el jefe aeronáutico lo recibió y escucho un sintético relato de las gestiones realizadas en Nueva York y Washington con Costa Méndez, pero Miret con más pasión le contó lo que había sucedido una hora antes en la reunión con Galtieri. Después de hacerlo, le advirtió: “Mirá Arturo, el estado de Galtieri me ha sorprendido. Pensálo bien, pero creo que estamos en manos de un Ayatollah. Pero de un Ayatollah sin religión.” Se cuenta en “Malvinas, la trama secreta” de Kirschbaum, Van der Kooy y Cardoso. Días más tarde, Miret habría de sufrir una reprimenda de Galtieri por mantener diálogos en Nueva York con funcionarios de la Administración Reagan. Le dijo que no continuara las conversaciones porque “esos” no eran nuestros amigos. Que ahora lo era “el hermano Fidel”. Tras esta conversación se hizo más patente la situación de tirantez y recelos entre el Ejército y la Fuerza Aérea. Al comandante de la aeronáutica se lo observaba más que molesto, así lo reflejaba el cable secreto 12065, del 6 de junio de 1982, emitido por la embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires, cuyo texto relataba que “el agregado militar Manuel López fue contactado por Alex Taylor, argentino por cuarta generación, ex miembro de la Fuerza Aérea argentina y en la actualidad representante de Lockheed en Argentina, la noche del 2 de junio. Taylor quien según nuestro conocimiento es un allegado de la alta comandancia de la Fuerza Aérea, dijo que el comandante en jefe Lami Dozo está furioso con sus compañeros de la Junta por no asumir lo que, para Lami Dozo, es la parte que les corresponde en la lucha del pasado mes. ‘Si pudiera, pondría a Galtieri y Anaya en un asador y los quemaría por no asumir su parte de responsabilidad’. Según relató Taylor, Lami Dozo cree que su fuerza se está destruyendo porque el Ejército no pelea o no puede pelear, mientras que la Armada se refugió a lo largo de la costa territorial desde que los británicos comenzaron a incrementar su presencia y su actividad naval alrededor de las islas.” Según Taylor, Lami Dozo opinó: “Me están haciendo perder aviones por algo que debería ser una acción estrictamente de Infantería.”

Costa Méndez y el canciller cubano Malmierca

Como consecuencia de un comentario que Costa Méndez les hizo a los embajadores Ros y Listre telefónicamente el 31 de mayo, sobre la conveniencia de su asistencia en La Habana, desde la Misión Argentina en Naciones Unidas, el embajador Listre envió al canciller el cable “S” Nº 1757: “Noticias provenientes de La Habana y otras recogidas aquí señalan conveniencia no desguarnecer reunión No Alineados pues Reino Unido ha trabajado en su favor un grupo de países. Presencia Sr. Canciller sería un factor de influencia valioso para fortalecer posición argentina. Así aconseja también Misión de Cuba.” A las pocas horas, Listre también le envió una sugerencia para su discurso en la reunión de No Alineados.

El 31 de mayo, a las 18.40 el Comité Militar se reunió en el Estado Mayor Conjunto donde Costa Méndez informó que en “las próximas horas el embajador Esteban Takacs se encontraría con William Clark, el consejero de Seguridad Nacional del presidente Reagan. Con respecto a su próximo viaje a La Habana, el canciller tranquilizó a alguno de los presentes: El Pentágono podía considerar negativo el viaje pero en otros sectores de los Estados Unidos se opinaba que el viaje podía servir de munición gruesa contra Haig; Venezuela lo consideraba muy positivo y el canciller venezolano pidió una escala de la delegación argentina en Caracas para entrevistarse con Herrera Campins.”

Galtieri y sus generales

Ahora sí, el reloj de la historia parecía girar las agujas del reloj a toda velocidad. La falta de rumbo era tan pronunciada que el jefe del Ejército proponía coaligarse con el dictador cubano. Antes con la Administración Reagan, ahora con el comandante del portaviones soviético (Cuba) instalado a escasas millas de los Estados Unidos. Con el mismo Fidel que desde 1963/64 había agredido a la Argentina en pleno gobierno constitucional de Arturo Illia. Y que más precisamente, desde 1966 con la creación de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), había convertido la isla del Caribe en un campo de entrenamiento de las organizaciones terroristas que asolaron la Argentina. ¿Aliarse con Fidel? ¿El mismo que tenía refugiada a la conducción montonera en La Habana, desde 1978? ¿Abrazarse con Castro, el tenedor y administrador de gran parte de los fondos obtenidos por secuestros y muertes de argentinos? ¿Acaso los militares y la clase dirigente no leían los diarios argentinos? ¿No recordaban lo que se había publicado cinco meses atrás? El 9 de diciembre de 1981, La Nación reprodujo un informe del Consejo de Asuntos Hemisféricos (una organización presidida por Larry Birns que no era precisamente un exponente de la derecha norteamericana), con sede en Washington, denunciando a Cuba por alentar una campaña de promoción a la “lucha armada”, detallando que el “alto mando, su sección obrera e Inteligencia” de la organización Montoneros estaban instalados en La Habana, y que habían incrementado “el entrenamiento militar a grupos chilenos”. Pero lo notable no eran solamente los interrogantes, lo llamativo era que viajara Costa Méndez, uno de los más rancios exponentes del establishment intelectual de la derecha autóctona. Así estaban las cosas en la Argentina de fines de mayo de 1982, a merced de los vientos. A la deriva.

Embajador Esteban Takacs

Antes de viajar a Cuba, el canciller Costa Méndez le solicitó al embajador Esteban Takacs que evaluara en los ambientes de Washington dicha decisión. En la tarde del 31 de mayo (a las 15.30), entró en la sala de claves del subsuelo del Palacio San Martín el cable “S” 1641/2 “para conocimiento inmediato y exclusivo del Señor Canciller”. En el largo telegrama cifrado, Takacs expone las principales opiniones:

• “En el ámbito de la Administración, la presencia del Señor Canciller sería juzgada como un gesto de advertencia de que el gobierno argentino comenzará a valorar y hacer efectiva su pertenencia al Movimiento No Alineado. Aprecio sería considerada como una reacción frente al continuado apoyo que proporciona Estados Unidos y países de Europa Occidental al Reino Unido”.

• “Congreso: Al pronunciarse claramente hace casi un mes a favor de la estrategia adoptada por la Administración, la mayoría de los representantes y senadores tuvo conciencia que el alineamiento de Washington con Londres provocaría un deterioro en las relaciones con el hemisferio […] No debe descartarse la posibilidad de que un pequeño grupo de senadores republicanos más conservadores, partidarios de consolidar una cruzada anticomunista en América Central, utilicen eventualmente el viaje de V.E. a Cuba para continuar sus críticas contra el Secretario de Estado”.

• “Pentágono: Estimo que la decisión de concurrir a La Habana tendría efecto marcadamente negativo, en particular entre aquellos oficiales que se han mostrado en una posición más próxima a la Argentina.”

• “Medios empresariales: […] Se estima que este sector no asignará al hecho político del viaje consecuencias inmediatas en el campo económico y financiero.”

• “Otros aspectos: La evaluación final que puedan efectuar los medios estadounidenses se verá influida por el carácter de los contactos bilaterales de V.E. pueda mantener con las más altas autoridades cubanas. Y por oposición asuma la delegación argentina en temas de fondo de la reunión, tales como la situación económica, América Central, Puerto Rico y Medio Oriente.”

Fragmento del cable de Washington a Costa Méndez

El canciller argentino, la misma persona que escasos meses atrás había declarado que la Argentina no pertenecía al Tercer Mundo (Brasilia, marzo de 1982), ahora sostenía que “el Movimiento de Países No Alineados ha sido siempre un gran sostén para la Argentina en todas las negociaciones internacionales en que participamos”. Malvinas había alterado la brújula del Palacio San Martín. El más lúcido traductor del cambio del canciller fue el embajador Gustavo Figueroa, cuando afirmó: “En política exterior todas las naciones deben estar insertadas en algún lado. El único país que conozco que no lo hace es Albania y es un placer escucharlo en las Naciones Unidas. Agarra el mapa y les grita a todos. Así le va después.”

En La Habana el canciller argentino fue dispensado con una cálida recepción y un tratamiento especial en todo momento. Raúl Roa, el embajador cubano en Naciones Unidas, hasta se permitió un chiste cuando dijo que “tenían que llegar ustedes, los de derecha, para producir un gran cambio en materia política”. El primer día Costa Méndez habló con Fidel Castro, bajo la atenta mirada del general Héctor Iglesias. “La conversación giró sobre la base de dos líneas.” El presidente cubano aconsejó continuar la guerra aun si la Argentina era derrotada militarmente en Malvinas. Ustedes ya ganaron”, dijo, “manténganse fuertes, continúen la guerra. Si es necesario ataquen desde el continente en acciones aisladas; continúen con el clima de guerra. Si ustedes quieren ganar, van a ganar, porque una guerra colonial no se ha perdido nunca”.

Lo demás, entre los dos, se prestó para la anécdota, como cuando Castro preguntó si el general Menéndez “es de los que pelean o se rinden”. También aconsejó definir bien la relación con Sudáfrica porque guardaba relación directa con el mejoramiento de las relaciones con algunos países africanos, integrantes del NOAL. Y en esta cuestión, se comprometió a hacer “lobby” a favor de la Argentina con esos países de África. Castro, perspicaz, nunca hizo una referencia ideológica.

El canciller argentino pronunció un discurso preparado por la delegación que había llegado con anterioridad en el que se destacaba el diplomático Raúl Alberto Ricardes. Costa Méndez, sin sonrojarse, llegó a comparar la lucha contra los británicos en las Malvinas con las que libraron “Argelia, India, Cuba y Vietnam, entre otros, por sus independencias”. Pidió luego el apoyo del Movimiento y denunció un plan británico para convertir a las Malvinas en una base de los Estados Unidos y Sudáfrica. En otra ocasión dijo que sentía “una enorme satisfacción y felicidad de estar en este país que ha hecho tanta historia en el Caribe y en América Latina”. El líder cubano, a su vez, calificó al conflicto austral dentro de una guerra de liberación.

Los diarios, pendientes de la visita de Costa Méndez a Cuba

Tras su paso por La Habana, Costa Méndez hizo una escala técnica en Caracas, para agradecer el solidario y masivo apoyo venezolano. Al pie de la escalerilla, lo esperaban las autoridades venezolanas y quien en poco tiempo más sería su sucesor, Juan Ramón “Mocito” Aguirre Lanari, de gran desempeño en esos días. En su escala pronunció unas pocas palabras, más dirigidas al frente interno argentino que al marco internacional, en especial cuando dijo que “no habrá patria socialista” en la Argentina. El Movimiento de Países No Alineados hizo en La Habana una declaración de franco apoyo a la causa argentina y en Naciones Unidas un nuevo proyecto, reclamando el cese de hostilidades, esta vez con el respaldo de la mayoría de los No Alineados, obtuvo el apoyo necesario para ser tratado por el Consejo de Seguridad. En el avión que lo trajo de vuelta de Caracas a Buenos Aires, Costa Méndez analizó varias cuestiones con sus colaboradores más cercanos:

-Volver a Naciones Unidas el 15 de junio para participar en la Conferencia de Desarme.

-Designar al embajador Clarasó de la Vega en Cuba, en reemplazo de Rafael Vázquez que fue trasladado a México para abrir una nueva etapa de las relaciones bilaterales. Se tomó en cuenta el interés de Cuba por acercarse a América Latina.

-En los próximos días deberá analizarse la conveniencia de seguir manteniendo al embajador Esteban Takacs en los Estados Unidos. En la Cancillería las posiciones estaban divididas: unos aconsejaban mantenerlo para no romper canales de comunicación, otros hablaban de retirarlo.

-Se trató el cierre del consulado en Berlín, para demostrar desagrado por la conducta de Alemania Occidental durante los acontecimientos y la apertura de embajadas en África (Mozambique y Angola, por ejemplo).

Nicanor Costa Méndez y el general Iglesias realizaron una exposición de lo sucedido en La Habana en la reunión del gabinete presidencial del miércoles 9 de junio en la Casa Rosada. Para uno de los presentes “fue una obviedad”. Al terminar Galtieri dijo: “Debemos prepararnos para sostener el conflicto todo el tiempo necesario, en lo referente a política internacional y también en lo que hace a política interna ya que la Argentina no levantará bandera blanca.”

Asesoramiento a Anaya del 2 de junio de 1982

Mientras el canciller Costa Méndez se encontraba en La Habana y los diplomáticos en Nueva York pugnaban por una nueva decisión del Consejo de Seguridad, que abriera una instancia negociadora, en el edificio Libertad el grupo de asesoramiento al almirante Jorge Anaya vivía su propia irrealidad: Se consideraba que “la situación en el frente de combate está estabilizada”, porque “Gran Bretaña no habría producido aún el desembarco de efectivos del “Queen Elizabeth II”” a la espera de un “mayor desgaste de Argentina por efecto del cerco aeronaval.”

A continuación se dejó asentado que “las características impuestas a esta guerra por Gran Bretaña (limitada a Malvinas) y su eficiente Acción Psicológica nos ha llevado a pensar que las operaciones militares terminan con la posesión de las islas por parte de ellos. Esta creencia favorece al enemigo (resaltado en el documento). La realidad es que El país esta en guerra contra la Fuerza de Tareas cuyo punto de apoyo más cercano está a 14.000 kilómetros.” Nada más errado que esta apreciación, en todo caso el apoyo más cercano no era Londres sino la Isla Ascensión. Como “conclusión” se afirma: “Las FFAA y el país deben prepararse para continuar la lucha luego de la caída (de) Malvinas en mejores condiciones que las actuales. No se puede hacer la guerra con un pie en la paz.”

Conferencia de prensa de Costa Méndez

En la reunión del 4 de junio de 1982, el EM Naval observó que “la votación en el Consejo de Seguridad viene postergándose desde el 2 de junio de 1982. De vetar Inglaterra en este foro el Cese del Fuego propiciará la convocatoria del Consejo de Seguridad donde tendrá posibilidades de perder.” Una de las causales de morar la votación es la reunión entre el Presidente de EEUU y los primeros ministros de Japón y Gran Bretaña, donde intentarían ‘convencer’ a la Thatcher que de su voto y no veto en el Consejo de Seguridad dado que significaría: 1º) Una mejora de imagen de EEUU al interceder por el cese del fuego: 2º) Evitar exponer a las potencias de Occidente a una derrota en la Asamblea General; 3º) Ganar tiempo para el campo militar.”

Como habrá observado el lector, Londres con EEUU vetaron una resolución ese mismo día, aunque pocos minutos después el Departamento de Estado se desdijo, sin posibilidad de cambiar el voto. Japón apoyó el pedido del cese del fuego. El mismo 4 de junio, Pérez de Cuellar presentó otro documento dirigido a Galtieri, a través del embajador argentino en Naciones Unidas, con otras propuestas. El documento mereció un solo comentario por parte del almirante Anaya: “Son condiciones de rendición […] El embajador Listre no debería haber recibido esta carta.” Todo parecía que se marchaba hacia la batalla final: “Las apreciaciones de oportunidad en el alistamiento de la Fuerza de Tareas de Gran Bretaña para invadir las islas indica como fecha a partir del 5 de junio de 1982.”

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