El cuestionable homenaje de la ONU por la muerte del presidente de Irán

El cuestionable homenaje de la ONU por la muerte del presidente de Irán

Geopolíticamente hablando, este año viene agitado y, entre tanto acontecimiento internacional, solo recibió un tratamiento efímero un hecho que merece su debida atención: el minuto de silencio que las Naciones Unidas llevó adelante en honor al presidente de la República Islámica de Irán, Ebrhaim Raisi, tras su fallecimiento en un accidente aéreo el 20 de mayo pasado.

El Consejo de Seguridad del organismo realizó un acto conmemorativo el mismo día de su muerte. El presidente rotativo del organismo, Pedro Comissário Afonso, embajador de Mozambique, pidió a los miembros ponerse de pie y guardar silencio “en recuerdo de la pérdida de vidas, en un accidente del presidente de la República Islámica de Irán, Ebrahim Raisi y su equipo”.

Se levantaron los presentes, entre ellos, las delegaciones de EE.UU., Reino Unido, Francia y Suiza. Diez días después, el 30 de mayo, la Asamblea General de la ONU organizó su propio acto de recordación. UN Press, que se encarga de cubrir las actividades de la organización, detalló la ceremonia en su portal, con el título “La Asamblea General rinde homenaje al difunto presidente de Irán y elogia su liderazgo visionario y sus contribuciones al multilateralismo y el desarrollo”. Vale la pena advertir qué se dijo allí.

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Penas equivocadas. Concluido el minuto de silencio, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, dijo que Raisi “dirigió a Irán en un momento difícil para el país, la región y el mundo”. Dennis Francis, el enviado de Trinidad y Tobago, quien presidía la Asamblea General, trasladó “nuestras más sentidas condolencias al gobierno y al pueblo de Irán”, recordando que Raisi “lideró la contribución de su país a la configuración de los principios de nuestro sistema multilateral y de la cooperación internacional”. Hablando en nombre del Grupo Africano, el representante de Burundi señaló que el mandatario iraní “fue un líder visionario”, dedicado a los principios de hermandad, solidaridad y multilateralismo. En nombre de la Organización de Cooperación Islámica (OCI), el representante de Pakistán recordó “las contribuciones históricas del difunto presidente a la visión y misión de ese organismo”. En nombre del Movimiento de Países No Alineados, el representante de Uganda destacó que Raisi desempeñó un papel decisivo en el fortalecimiento de la cooperación entre los miembros del bloque y destacó su “visión y liderazgo”.

Sumaron sus elogios al difunto presidente el representante de Haití, quien habló en nombre del Grupo de Estados de América Latina y el Caribe (Grulac, el representante de Qatar, quien lo hizo por el Consejo de Cooperación del Golfo, y el representante de Vanuatu, por el Grupo de Estados de Asia-Pacífico.

El embajador de Irán agradeció a todos los oradores y señaló que el presidente Raisi y el ministro de Relaciones Exteriores que también murió en el accidente, estuvieron abocados a “promover la paz, la estabilidad y la seguridad sostenible en nuestra región y más allá”. Ningún delegado de países occidentales habló en el homenaje. Algunos, como Francia y Estados Unidos, no enviaron representantes. La sala se veía bastante vacía.

Por su parte, el embajador del Estado de Israel, Gilad Erdan, protestó con indignación: “¡La ONU fue fundada para prevenir atrocidades, pero hoy saluda a los dictadores asesinos en masa!”. Antes había criticado al Consejo con ironía: “¿Qué hará a continuación? ¿Dedicará el Consejo un momento de silencio para conmemorar a Hitler?”.

El verdadero Raisi. Estos homenajes fueron celebrados en honor a un hombre apodado “el Carnicero de Teherán” por su papel en la supervisión de las ejecuciones masivas de miles de personas en 1988; quien reprimió con brutalidad a mujeres y estudiantes que protestaron por el asesinato de la joven Mahsa Amini por usar incorrectamente el velo impuesto por su régimen (sus policías mataron a más de quinientos iraníes y arrestaron a más de 22 mil); quien preside un gobierno que ejecuta homosexuales y opositores; quien niega el genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial; quien respalda a movimientos terroristas en Yemen, Líbano, Irak y Gaza.

Quien financió con cien millones de dólares anuales al movimiento fundamentalista palestino Hamas (grupo que el pasado 7 de octubre asesinó a alrededor de 1.200 israelíes en territorio israelí y secuestró hacia Gaza a más de 250); quien gobernó el país mientras enriqueció uranio a niveles aptos para uso militar, a pesar de alegar un fin exclusivamente civil; quien proveyó de drones a Rusia para atacar ciudades en Ucrania; y quien lanzó un masivo ataque con misiles cruceros y balísticos contra Israel unas semanas atrás.

Una desdichada historia. Debe notarse, además, que esta es la misma ONU cuyo principal órgano judicial, la Corte internacional de Justicia, hoy presidida por Nawaf Salam –un político libanés que fue representante de aquel país árabe ante las Naciones Unidas–, está ponderando si Israel es un estado genocida. Y que el exsubsecretario general de las Naciones Unidas, el británico-musulmán Karim Ahmad Khan, quien como fiscal de la Corte Penal Internacional acaba de emitir órdenes de arresto contra el primer ministro y el ministro de Defensa israelíes (así como contra tres líderes de Hamas, pero pocos observadores informados creen que la medida no sea verdaderamente contra Israel). Un dato de su biografía: Khan fue abogado defensor del expresidente de Liberia Charles Taylor, condenado a 50 años de prisión por crímenes de guerra, y de Saif al Islam Gadafi, hijo del infame tirano de Libia.

Las Naciones Unidas acusa varios precedentes de debacles morales. Desde haber tenido como secretario general al austríaco Kurt Waldheim, de quien luego se supo, había sido un oficial nazi; hasta haber invitado a disertar a su Asamblea General a Yasser Arafat, entonces un terrorista declarado. Desde haber elevado a su secretaría general a Kofi Annan, quien había fracasado como subsecretario general para operaciones de paz cuando ocurrieron las masacres de Bosnia y Ruanda, hasta haber permitido que la Unrwa en Gaza, su agencia para la protección de refugiados palestinos, haya sido enteramente infiltrada por terroristas de Hamas. Su minuto de silencio en honor a uno de los más despiadados tiranos contemporáneos, es un nuevo nadir en su desdichada historia institucional.

*Profesor titular en la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad de Palermo. Miembro de Profesores Republicanos y el Foro Argentino Contra el Antisemitismo.

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