Una chica llamada Milena

Una chica llamada Milena

Amo la aliteración en los nombres y apellidos italianos: Romano Romanelli, Graziano Graziani, Ottiero Ottieri, Giovanni Giovannini, Sergio Sergi, Milena Milani. Solo el amor por la aliteración hizo que hace años sintiera curiosidad por la última, y acabo de encontrar en mi biblioteca un libro escandaloso que tenía olvidado, cuya historia (la del escándalo, no la del libro) habla mucho de las pequeñas miserias de las que la humanidad no va a poder librarse nunca mientras existan personas (de derecha casi siempre) demasiado preocupadas por la salud física y mental del prójimo, cuando es notorio que al prójimo solo le importa ser feliz y que en lo posible nadie piense en él. Ser ignorado es el mejor modo de atravesar cualquier valle de lágrimas, porque en cuanto se es percibido la travesía se convierte de inmediato en una fuga.

En la primavera de 1964 apareció en Italia una novela llamada La ragazza di nome Giulio (Una chica llamada Julio: ¿por qué habrán cambiado un artículo determinado por uno indeterminado?), de Milena Milani, que pasó sin pena ni gloria por las librerías antes de que la edición fuera confiscada y la autora procesada bajo al acusación de ofensa a la decencia común. Como ocurre siempre, todo ello sirvió para propulsar la novela (bastante mediocre, por otra parte) de un modo exagerado: terminó traducida a muchos idiomas, incluido el español, cuya edición a cargo del sello Grijalbo data de 1977. La traducción recayó en Roser Berdagué (sigue viva, a los 95 años. ¡Saludos, Roser!), que sin duda en aquel entonces todavía no era la traductora infalible que llegó a ser después, ya que confundió La lettera scarlatta (La letra escarlata) por La carta escarlata (en italiano “carta” y “letra” son la misma palabra), cosa que carece de importancia, ya que Nathaniel Hawthorne llevaba muerto 113 años y no iba a perseguirla por difamación. En cualquier caso, la traducción no ayuda mucho a salvar al libro de Milena Milani, que si se salva es solo y por el revuelo que provocó.

Una chica llamado Julio contaba la historia de Jules, una joven a quien le habían dado el nombre del padre (de ahí el título) y que en primera persona explora los años de la primera adolescencia hasta los años de la universidad de un modo libre, entregándose a relaciones de todo tipo, pero siempre frustrantes e insatisfactorias. Milani murió en 2013, y ya nadie se acuerda de ella. Su novela había sido propuesta al Premio Strega, y cuando fue acusada de atentado al pudor, varios intelectuales, entre ellos los poetas Giuseppe Ungaretti y Salvatore Quasimodo, testificaron a su favor. Fue condenada a seis meses de prisión (que no cumplió) y a una multa. Años después, Milani contó que había tenido Una chica llamada Julio en mente durante quince años, pero que no se había atrevido a escribirlo porque los 50 no eran años ideales para una novela como esa, dado que las mujeres no gozaban aún de la posibilidad de expresarse libremente. Descubrió entonces que la cosa había cambiado poco a mediados los 60, pero ya era tarde.

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Escribió la novela entre 1961 y 1962, aislada durante todo el invierno en Cortina, cerca de los Alpes, y se la propuso a varias editoriales, que encontraron la novela horrenda e impublicable. Pero finalmente encontró su editor (siempre hay un editor para un libro, el problema es encontrarlo) y vendió 40 mil ejemplares en los primeros seis meses. Fue en febrero de 1965, luego de una serie de denuncias de lectores y asociaciones católicas, que se ordenó el secuestro de todos los ejemplares que se encontraban en librerías y se inició juicio a la autora, al editor y al imprentero. En su defensa, Milani alegó que el motivo no estaba solo ligado a las escenas de sexo que describía, sino al hecho de que ella, la autora, era una mujer. Milani alegó que un libro como Un amor, de Dino Buzzati, donde se describían escenas similares, no había sufrido la misma suerte.

Hay un film basado en el libro, de 1970. Los encuentran en YouTube. No lo vean.

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