Cómo fue la fundación mítica de Buenos Aires

Cómo fue la fundación mítica de Buenos Aires

Cual saga borgeana, “a mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires”. El 11 de junio de 1580, don Juan de Garay refunda la Ciudad de Buenos Aires, capitalizando la multiplicación del ganado abandonado por Pedro de Mendoza en su primer intento fundacional de 1536, con el objetivo de generar una puerta de salida directa hacia el océano Atlántico.

A comienzos del siglo XVI, la Corona española, que ya había posado firmemente sus pies sobre una parte importante del territorio americano, advirtió que el más eficiente instrumento de colonización del Nuevo Continente lo constituía la operación de poblar.

Urbanizar resultaba sinónimo de colonizar y, por ende, las ciudades fueron la manifestación más significativa de dominio, de riqueza. En ese complejo proceso de transculturación existió, entonces, un elemento vehiculizador sin el cual hubiese resultado infructuosa la labor: el urbanismo colonial.

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Fundación Mítica de Buenos Aires

Las nuevas poblaciones fundadas por lo españoles en América cumplieron funciones diversas: fueron en algunos casos sitios de aprovisionamiento; centros comerciales y/o administrativos en otros; eslabones de una amplia cadena de fundaciones que permitirían progresivas penetraciones en el territorio; enclaves de “sometimiento” de la población originaria o, como finalmente resultó Buenos Aires, vínculo de enlace de los nuevos dominios con la Corona.

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La modalidad de conquista y colonización del territorio americano tomó forma legal en 1573, cuando Felipe II dio a conocer las Ordenanzas de Descubrimiento, Nueva Población y Pacificación; las que, excediendo el significado actual del término, representaban una auténtica legislación sobre el ordenamiento urbano y regional. Fueron desarrolladas por el Consejo de Indias-un organismo destinado a ocuparse en España de los temas vinculados con América- y, en conjunto, presentaban los lineamientos estructurales para llevar a cabo la acción pobladora.

Dispuesta a la manera de las plazas mayores españolas, 40 manzanas se destinaron a edificación: las residencias particulares -un cuarto de manzana por poblador-; los edificios que reunían a los principales poderes: el Cabildo, el Fuerte y la Iglesia Mayor; una manzana como Hospital, y otras dos como Conventos -Santo Domingo y San Francisc; por detrás, el Puerto"

Capitalizando la multiplicación del ganado abandonado por Pedro de Mendoza en su primer intento fundacional de 1536 -que aseguró la supervivencia de los colonizadores- y con el objetivo de generar una puerta de salida directa al océano Atlántico, el 11 de junio de 1580 don Juan de Garay refundó la Ciudad de Buenos Aires. En nombre de la Corona española, la bautizó como Ciudad de la Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Ayres.

En esta segunda y definitiva fundación, conforme a la legislación dictada por el Consejo de Indias, se levantó un acta y un plano, en donde quedaron definidos los límites del ejido y la delineación de 16 manzanas en la dirección norte/sur -con forma cuadrada y de 140 varas de lado- y 9 en el sentido este/oeste, separadas por calles invariablemente rectas de 11 varas de ancho.

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La ciudad fundada, entonces, se extendía desde las actuales calles Balcarce y 25 de Mayo hasta Salta y Libertad, y desde la avenida Independencia hasta Viamonte.

De modo similar a la gran parte de las ciudades coloniales, Buenos Aires se organizó en torno a una gran plaza, rectangular y de dos hectáreas, dispuesta a la manera de las plazas mayores españolas como elemento estructural de la ciudad y, a su alrededor, 40 manzanas se destinaron a edificación: las residencias particulares -a razón de un cuarto de manzana por poblador-, los edificios que reunían a los principales poderes: el Cabildo, el Fuerte y la Iglesia Mayor, una manzana como Hospital, otras dos como Convento -Santo Domingo y San Francisco- y por detrás, el Puerto. Y más allá, se repartieron las tierras para el desarrollo de actividades agrícolas y ganaderas para la subsistencia.

En consecuencia, dentro de un gran recinto rectangular, para facilitar la repartición de tierras y de solares a cada poblador, la ciudad fue organizada en función a tres elementos esenciales: las plazas, los solares y las calles; de modo que rápidamente lograba identificarse el espacio público y el privado, dentro de un trazado ortogonal que respondía a la tradición universal de la cuadrícula urbana.

Así, tras esta fundación mítica de Buenos Aires, la ciudad quedó configurada con un entramado rígidamente estructurado y con capacidad suficiente para su expansión indefinida.

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