Los últimos 100 días de Perón: la tarde de «la más maravillosa ma», el acto final con las multitudes del general que sabía que se moría

Perón llegó al día de su  último discurso asediado por la realidad económica y política. Por un lado, se resquebrajaba el «Pacto Social» que había intentado entre los trabajadores y el empresariado, para sosegar la inflación y recuperar el poder del salario. Por otro, su esfuerzo de buscar la unidad nacional tenía un límite en la ruptura de su propio movimiento, materializada en aquella tarde de los «imberbes», apenas un mes y unos pocos días antes.

Y además, y sobre todo, estaba la salud, con un cuadro que él mismo sabía irreversible. Seis días antes, el viaje a Paraguay donde se había expuesto al frío y la llovizna, había marcado el principio del fin. El día del regreso después de la jornada demoledora, Perón se reunió con el lider radical Ricardo Balbín y le dijo: «Me muero».

Y fue por eso, por la absoluta conciencia de la proximidad de la muerte, que aquel discurso del 12 de junio desde el balcón de la Casa Rosada sonó, en cada palabra, como la despedida.

Un Presidente «muy enfermo»

El ambiente venía enrarecido desde el día anterior. Ese 11 de junio Perón recibió el canciller Alberto Vignes, que le llevó un informe de la embajada británica donde el gobierno inglés planteaba las garantías que debían concederse a los habitantes de las Islas Malvinas en un posible condominio futuro. Perón, entusiasmado, le dijo: «Una vez que pongamos un pie en las Malvinas, no nos sacan más». Pero Vignes no salió contento de la reunión, sino todo lo contrario: le dijo a su entorno que había visto al Presidente «muy enfermo» .

En el terreno político, el propio Perón sumó al desconcierto cuando, en una jugada bastante arriesgada, dejó trascender que podía renunciar. Lo hizo a través de su secretario y ministro José López Rega. «Si el general Perón se fuera del país antes de terminar su misión en la República Argentina, con él se va su señora y con él se va este servidor», les dijo a los periodistas durante un agasajo que se le hizo en el Cuerpo de Policía Montada de la Federal.

Perón, último discurso
Perón en el balcón, con Isabel y el dirigente Diulio Brunello

Fue apenas un prólogo. Ya en la mañana del 12, fue el propio Perón el que apareció para hablar por cadena nacional. Primero señaló a los que cuestionaban su «Pacto Social» y los calificó como «los vivos de siempre que sacan tajada del sacrificio de los demás«. El «león herbívoro que había cambiado el «para un peronista no hay nada mejor que otro peronista» por «para un argentino no hay nada mejor que otro argentino» ahora estaba enojado.

La pícara respuesta de Mirtha Legrand cuando le preguntaron si Juan Domingo Perón intentó seducirla

Bajó a tierra el concepto y apuntó a quienes «hayan violado las normas salariales y de precios». Pero fue más lejos: «Al percibir el menor indicio que haga inútil ese sacrificio, no titubearé un instante en dejar este lugar a quienes lo puedan llenar con mejores probabilidades».

Esa fue la frase que lo terminó llevando al balcón, por última vez en su vida, aquella tarde el 12 de junio de 1974.

La reacción al discurso había sido inmediata. La CGT convocó a marchar a la Plaza de Mayo y todos los partidos, incluida la UCR, apoyaron. ¿Perón pensaba irse? El propio Gobierno comunicó la renuncia del todo el gabinete para que el general tuviera las manos libres.

Frente a un multitud, a las 17.30 Perón apareció en el balcón, con su abrigo con trama de pata de gallo y terciopelo en el cuello, que quedó como una prenda iconográfica en la historia del peronismo.

Cada «¡Compañeros»! con el que intentaba introducir el discurso era respondido por una larga ovación que lo retardaba.

Por fin, empezó:

«Retempla mi espíritu estar en presencia de este pueblo que toma en sus manos la responsabilidad de defender a la patria. Yo sé que hay muchos que quieren desviarnos en una o en otra dirección, pero nosotros conocemos perfectamente bien nuestros objetivos y marcharemos directamente hacia ellos, sin dejarnos influir por lo que dirán desde la derecha o lo que dirán desde la izquierda. El gobierno del pueblo es manso y es tolerante, pero nuestros enemigos deben saber que tampoco somos tontos«.

Último discurso de Perón
La Plaza de Mayo llena para escuchar a Perón

Fue un discurso de 24 minutos, contando las pausas para  las ovaciones. ¿Qué cantó la plaza esa tarde? Primero, «¡Los vamo’ a reventar, los vamo’ a reventar!», cuando Perón habló de los enemigos. Isabel Perón, que acompañaba a su esposo abrigada con un tapado de piel, tuvo su momento: corearon su nombre. Llegó la Marcha Peronista, y finalmente un prolongado «¡Que se quede, que se quede!», quizá el ruego masivo que el líder había ido a buscar y ahora lo dejaba un poco más tranquilo.

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«La más maravillosa música»

Después de algunos momentos donde se lo notó ahogado, o con una voz sin resto, Perón terminó el discurso con su frase más inspirada, que cerraba la historia de un vínculo:

«Para finalizar, deseo que Dios derrame sobre ustedes todas las venturas y la felicidad que merecen. Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que para mí es la palabra del pueblo argentino«.

Entre ese comienzo y ese final para la ovación y también las lágrimas premonitorias , Perón había despejado las dudas: aunque sabía que le quedaba poco tiempo de vida, seguiría adelante.

Tres días después, su esposa y vicepresidenta Isabel Perón se fue de gira a Europa. Esa misma noche el Presidente sintió dolores precordiales. Pero siguió trabajando. El 17 se reunió con la CGT y pasó por el consultorio de Pedro Cossio, su médico de cabecera, que le hizo un examen completo y le rogó que aflojara con el ritmo de la actividad.

Perón le hizo caso, pero ya no había retorno.

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