Tenemos que estar unidas: los hombres son MUCHO mejores para hacerse los boludos

Reconozco que tengo mucha facilidad para estresarme, para sentirme sobrepasada, para llenarme de listas de cosas para hacer. Mi cerebro tiene esa tendencia natural al caos. Funciona así como cuando agarrás el celular para buscar una dirección, y ves que justo te escribieron un mensaje, y de paso ya que estás ahí, entrás a darle una miradita al Instagram, y me engancho mirando una noticia, o entro a ver unos aros que me gustaron porque el algoritmo me conoce mejor que nadie. Y en ese momento me acuerdo que no respondí un mail, entonces aprovecho y lo respondo. Y lo peor: termino sin acordarme bien por qué corno había agarrado el celular.

Siempre tuve la teoría de que la cartera es un poco el reflejo de la cantidad de información que tenemos en nuestros cerebros. Andá a mirar tu cartera y contame. ¿Sos hombre y no usás cartera? Confieso que siempre me dio un poco de envidia esa especie de liviandad con la que suelen moverse por la vida. Pienso “cómo hacen para ir solo con una billetera y las llaves en el pantalón?”. También pienso que esta sobrecarga de información que tenemos nosotras puede tener que ver, a veces, con lo mal repartida que está la cosa. Reconozco que en mi caso mucho no me puedo quejar. Trabajo un montón, viajo por trabajo, y cuando vuelvo a casa todos están vivos, alimentados, ¿bañados? Eso no te lo puedo asegurar. Pero es cierto que he logrado llegar a este punto después de mucho esfuerzo, y un laburo fríamente calculado. Porque no ha sido siempre así.

Todavía me acuerdo de aquella tarde en la que venía caminando por la calle y pensé: “¿Y si le pido a Seba que caliente algo en el horno, sabrá cómo prenderlo?” Y mi duda fue todavía más allá, «¿sabrá dónde está el horno?”. Cuando advertí este temita, decidí empezar lo que dí en llamar “etapa de capacitación del hombre nuevo”. Y así como quien no quiere la cosa, comencé a explicarle algunos detalles simples pero fundamentales del funcionamiento de ese hogar que compartíamos hacía tantos años. Lo llevé a la zona del horno para asegurarme de que supiera a dónde está. ¿Viste esta perilla? Bueno, la tenés que apretar, contar unos segundos, y la vas soltando asegurándote de que el fuego quede encendido. ¿Viste este plato que lavaste? Muy bien lo lavaste -porque una buena capacitación también requiere alentar al alumno-. Bueno, pero si te fijás del otro lado, hay otra superficie a tener en cuenta. ¿Viste el tema del papel higiénico? Cuando se termina hay que reponerlo porque no se reproduce solito. Y así con infinidad de cosas. Hay hombres que se ofenden del cursito que queremos darles y lo interpretan como un mansplaining al revés. Pero no se dejen engañar, no lo es: simplemente es la necesidad imperiosa de repartir mejor las tareas para evitar que la carga mental nos agobie, y poder tener más tiempo para hacernos un baño de inmersión, leer un libro, escribir esta columna, o rascarme la argolla, para ser bien ordinaria.

Hay mujeres que no la ven, y cometen el error garrafal de decir “dejá, lo hago yo”La peor decisión, chicas. Además, tenemos que saber que los hombres son MUCHO mejores que nosotras para hacerse los boludos y dejar todo en nuestras manos. Entonces el “es que no sabe”, no nos conviene. TIENEN que aprender. Es la única manera de terminar con el flagelo de la cartera sobrecargada. Repartamos mejor las cosas. De ésta tenemos que salir unidas. Por eso se me ocurrió preguntarle a otras mujeres qué tips tienen para que la cosa esté más equilibrada, y me dijeron cosas como:

-Le mando mensaje y le digo “agendate ésto porque me voy a olvidar” (…) «Hago mucha terapia para que me ayude a decir “NOPUEDO” (…) «Dejo las cosas sin funcionar para que los demás se hagan cargo. ¡Funciona!» (…) «Incluyo a marido en todos los chats domésticos y en los de las cosas del cole» (…) «Le dejo la bolsa de la basura en la puerta para que la saque o la pise, no le doy opción» (…) «Escribo todo antes de que se me vaya de la cabeza y lo pego en la heladera para que todos sepan las cosas que hay que hacer y no queden solo en mi mente» (…) «Salgo a caminar, correr, bailar, y luego pienso y trato de repartir tareas, pero suele ser 70 yo, 30 él» (…) «Lo único que pude negociar es que él se ocupe de la cena y yo de toooodo lo demás» (…) «Le dije que mi cerebro ya no funciona al cien y le derivé todas las actividades extraescolares» (…) «Todavía no logro encontrar uno» (…) «Tarde, ya me separé» (…) «Mi tip es no estar en pareja»…

Y para terminar, un tip que me encanta pero que requiere estar muy elevada y en eje, cosa que casi nunca logro: Darle lugar al otro y confiar en que lo hará lo mejor que pueda. Tenemos que poder descargar un poco nuestras carteras. Sacar todo para afuera, tirar lo que haga falta. Limpiar esas miguitas, esos papelitos, y todas esas cosas que no entendés muy bien qué hacen ahí adentro. No hace falta que los pañuelitos y las galletitas los tengamos siempre nosotras. Ellos también pueden llevarlos. Pueden usar mochila o (ataché si son medio vintage). Pero no perdamos las esperanzas de que algún día lo lograremos.

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