La geopolítica de las tierras raras


El control de un recurso valioso y escaso puede convertirse en un factor de poder en materia de política exterior. Este es el caso de las tierras raras, un grupo de 17 minerales del que China controla el 37% de las reservas, el 60% de su extracción y el 90% de su procesamiento a nivel global. Son ellas: escandio, itrio, lantano, cerio, praseodimio, neodimio, promecio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. Ante esto, las potencias en Occidente buscan mayor acceso a este recurso crítico para usos civiles y militares.

Las tierras raras se usan para fabricar poderosos imanes permanentes que se utilizan, por ejemplo, en baterías recargables para autos híbridos y eléctricos, en generadores para turbinas eólicas y en teléfonos celulares. También en los motores de aviones militares como el F-35, o para aislar magnéticamente todos los mecanismos de precisión en drones y misiles. China domina cada etapa de la cadena de suministro de las tierras raras, y con esto en mente ha anunciado que limitará su exportación y que prohibirá la exportación de la tecnología para procesarlas. En este contexto, existe temor de que China lleve a cabo un comercio punitivo, usando su poderío en materia de tierras raras. Un caso recordado es el de Japón, a quien China prohibió su envío en 2008 por un incidente territorial. Por ello, Tokio –que importaba el 91% de sus tierras raras de China– diversificó sus suministros para disminuirlos al 58%.

China avanza agresivamente sobre los depósitos de tierras raras en Myanmar, donde el gobierno militar le otorgó la explotación del 95% de todas las minas existentes (tierras raras, jade, oro). Por su lado, Vietnam –que posee 18% de las reservas de tierras raras– ha decidido no exportarlo, mientras busca mejorar su tecnologías de extracción y procesamiento. A su vez, Rusia posee el 10% de las reservas globales, mientras la India posee casi el 6%

Por su lado EE.UU., en una acción defensiva, ha anunciado que impondrá tarifas de 25% sobre la importación de tierras raras y de imanes permanentes de China en 2026, para beneficiar a productores locales. Mientras, la Unión Europea (UE) busca disminuir los riesgos de la dependencia china en materia de tierras raras, pero sin desacoplarse. A su vez, confía en el potencial de los depósitos encontrados en Suecia, los más grandes en la UE. Entretanto, la idea de desarrollar cadenas de producción con países “amigos” ha tomado importancia también en tierras raras, dada la deterioración de la situación geopolítica global.

En este contexto, potencias mineras occidentales toman medidas para restringir la llegada adicional de tierras raras a China. Australia ha conminado a inversores –ligados a China– en la empresa minera de tierras raras Northern Minerals, a vender sus acciones, por motivos de interés nacional. Otro caso es la intervención del Estado canadiense para impedir que una pequeña firma australiana –Vital Metals– le venda su producción y stocks de tierras raras a la empresa china Shenghe Resources. Esta intervención del Estado coincide con el interés del primer ministro Justin Trudeau de limitar a las empresas chinas en el crítico sector minero.

Finalmente, otra zona que se integra a las cadenas “amigas” de Occidente es América del Sur, donde Brasil posee el 18% de las reservas mundiales, y hay inversiones norteamericanas y europeas. Y en Chile se inician proyectos como el de la compañía Penco –propiedad de Aclara, que cotiza en Toronto–, en la zona de Concepción. Las tierras raras sudamericanas son más pesadas, y se convierten también en alternativas a la oferta china

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