Milei y los límites de la paciencia social


Una de cal y una de arena. Los sondeos de opinión pública más recientes dan cuenta de que la inflación –créase o no– ha dejado de ser la mayor preocupación de los argentinos y la mayor parte de la ciudadanía valora positivamente el desempeño del gobierno de Javier Milei para lograr bajarla. En contrapartida, se multiplicó la inquietud de la población por el desempleo, al tiempo que las expectativas sobre el futuro y la percepción acerca del presente en relación con el pasado experimentaron por primera vez un cambio de tendencia y comenzaron a descender.

En sintonía con la caída del índice de confianza del consumidor, que mide la Universidad Torcuato Di Tella y que cayó un 2,8% en junio tras cuatro meses de mejora consecutiva, la última encuesta nacional de Synopsis, concluida a mediados de junio sobre 1372 casos, exhibió un incremento en los niveles de pesimismo social.

De acuerdo con este sondeo, los niveles de aprobación de la gestión del Gobierno para bajar la inflación siguen siendo altos (51,8%). Pero esa buena calificación no parecería ser suficiente para sostener los niveles de ilusión que la gente tiene respecto de que Milei producirá los cambios anhelados para la Argentina. Si en abril el 47,5% de los consultados se declaraba muy o bastante ilusionado con que se produzcan los cambios deseados, en junio ese porcentaje cayó al 43,3%, mientras que quienes dicen estar poco o nada ilusionados registran un máximo del 52,7%.

Frente a la pregunta sobre cómo cree la gente que será la situación económica del país dentro de un año, quienes opinan que mejorará cayeron del 51,6% en mayo al 46,1% en junio, en tanto que quienes consideran que empeorará crecieron del 34,9% al 40,8% en igual período. Una tendencia similar se advierte cuando se interroga sobre la actual situación económica del país respecto de un año atrás: quienes juzgan que empeoró aumentaron entre mayo y junio del 51,8% al 55,9%, mientras que quienes creen que mejoró constituyen hoy el 32,3%, apenas un punto más que el mes anterior. La misma tendencia se verifica cuando se consulta sobre las expectativas en términos personales.

La política exterior de un país debe estar guiada por sus intereses y no por caprichos

El dato más llamativo es que la inflación solo representa hoy la principal preocupación para el 19,9% de las personas consultadas, cuando a principios de año era mencionada por dos tercios de la población. En cambio, el desempleo, que no llegaba al 5% de las menciones en enero último, ahora es reconocido como el mayor problema por el 31,2% de la gente.

En forma paralela a la baja de las expectativas en la población, los días posteriores a la sanción de la Ley Bases y el paquete fiscal transcurrieron en medio de las dudas del mercado financiero sobre el devenir económico. El viernes 28 de junio, el ministro Luis Caputo y el titular del Banco Central, Santiago Bausili, anunciaron el inicio de un ciclo de “emisión cero” y el traslado de los pasivos remunerados de la entidad monetaria al Tesoro de la Nación. Una forma de limpiar deudas del Banco Central, cuyos elevados intereses se venían pagando con emisión monetaria y que, a partir de ahora, deberán ser solventados con ahorros del fisco. Pero no pocos operadores económicos entendieron que, en manos del Tesoro, esa deuda pasaría a tener un mayor riesgo de ser defaulteada.

Distintos economistas interpretaron que el dato central del anuncio de Caputo y Bausili fue la simple ratificación de que habrá cepo cambiario para rato y de que el tipo de cambio oficial seguirá ajustándose a razón de solo el 2% mensual, contra una inflación proyectada del 140% anual, al tiempo que continuará el llamado dólar blend para los exportadores, que equivale hoy a unos 1000 pesos por dólar, cuando este cotiza en el segmento libre en alrededor de 1400 pesos. Como producto de la desconfianza, el riesgo país superó la barrera de los 1500 puntos, aunque se ubicó al término de la semana en 1406.

No faltaron economistas que pusieron en duda la política monetaria oficial. Roberto Cachanosky apuntó contra el Gobierno por emitir pesos: “Hay algunas declaraciones de Milei que sorprenden. Dijo que va a sacar una ley para que quien emita moneda sea juzgado por delito de lesa humanidad. Le diría que tiene que ir preso él, porque la emisión que está haciendo el Banco Central es fenomenal”.

Un informe del economista Agustín Monteverde, sin embargo, destacó que entre el último día hábil previo a la asunción de Milei (7 de diciembre de 2023) y el 27 de junio, la base monetaria amplia, formada por el circulante, el dinero de los bancos en el Banco Central y los pasivos remunerados de este, cayó de 36,5 a 36,3 billones de pesos, por efecto del descenso de los pasivos remunerados de 26,4 a 17,7 billones de pesos. Si se toma solo la base monetaria estricta, sin incluir los pasivos remunerados del Banco Central, esta creció de 10,1 a 18,6 billones de pesos, en sintonía con el 86% de crecimiento de la inflación en el mismo lapso.

Estos números, sumados al hecho de que las reservas netas del Banco Central, que eran negativas en 12.200 millones de dólares al 10 de diciembre, hoy tienden a cero, al tiempo que las reservas brutas pasaron de 21.200 a 29.700 millones de dólares, deberían ser interpretados como positivos. No obstante, en distintos sectores se ponen en tela de juicio los logros del Gobierno, por el hecho de que la acumulación de reservas tiene como contracara el mantenimiento del cepo cambiario; el superávit fiscal choca con la licuación de salarios y el diferimiento de deudas del Estado, y la desaceleración de la inflación puede reconocer como contrapartida la caída de la actividad económica, con el consecuente incremento del desempleo.

El segundo semestre de Milei se inicia así con el desafío de mantener aquellos logros, pero con fundamentos que resulten más genuinos. A medida que la inflación deje de ser el mayor problema, la población demandará reactivación económica y los operadores financieros reclamarán un riesgo país en niveles tolerables para que retorne el crédito.

Por supuesto que es fácil cuestionar desde el llano la falta de reactivación económica como si la salida pudiese llegar de la mano de una mera solución técnica, del voluntarismo de los dirigentes políticos o de una mayor sensibilidad social que, por arte de magia, resuelvan los desequilibrios que la economía argentina arrastra desde hace muchos años, como consecuencia de políticas populistas, intervencionistas e inflacionarias.

La oposición dialoguista y una sociedad por momentos impaciente deberán entenderlo. Del mismo modo que Milei deberá comprender que no es factible gobernar con el solitario apoyo de siete senadores y 38 diputados nacionales, ni se puede esperar a que la ciudadanía le otorgue dentro de 15 meses un triunfo en las elecciones legislativas que le permita empezar a revertir su situación de debilidad parlamentaria.

El distanciamiento que experimentaron el Presidente y Mauricio Macri en los últimos tiempos –no conversan desde hace casi dos meses– es consecuencia de una relación que no ha sido cuidada y administrada inteligentemente desde un gobierno que se sabe en minoría.

Los frecuentes insultos que Milei les dirige a representantes del radicalismo o a economistas de cuño liberal como Ricardo López Murphy o Carlos Melconian, para no hablar de las injustificables agresiones a periodistas tan críticos de su gestión como diferenciados de la prensa militante del kirchnerismo, reflejan el perfil de un líder gobernado por sus emociones antes que por sus razones. Es probable que detrás de la curiosa elección de sus adversarios exista en Milei la intención deliberada de forzar la conformación de un escenario sin grises, donde todo sea blanco o negro y él pueda asumir la representación de uno de los extremos. Su estrategia polarizadora conduciría a la necesidad de que no haya disidencias en el segmento que pretende liderar, algo que puede encerrar el riesgo de las tentaciones autocráticas.

Este estilo es particularmente peligroso llevado al plano de las relaciones internacionales. La política exterior de un país debe estar guiada por sus intereses y no por las relaciones de amistad o los caprichos personales de sus líderes. Resulta difícil que los argentinos puedan ganar algo por el enfrentamiento de su presidente con Lula. Milei debe evitar caer en la necedad y buscar la virtud; esto es, el justo medio que Aristóteles definió como la recta razón que decide el hombre prudente, alejado tanto del exceso como del defecto.

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