Puma Martínez, el nuevo rey que devuelve a la Argentina a lo más alto del boxeo mundial


Japón parece ser la “tierra prometida” para el boxeo argentino. En este tiempo de “vacas flacas” para la actividad, un porteño boquense hasta la médula, Fernando “Puma” Martínez, invicto supermosca y campeón mundial (el único de nuestro país) de la Federación Internacional, quien cumplirá 33 años el 18 de este mes, fue a buscar la unificación con otro cetro, el de la AMB, que ostentaba el local Kazuto Ioka.

Con una fiereza que lo caracteriza, le dio una paliza memorable en los primeros cuatro asaltos. Con variedad de golpes de gran estilo, porque es de muy buen boxeador combinar los ganchos cortos con los cruzados. El japonés sacudió la cabeza de un lado a otro en ese lapso. Y si no hubo nocaut fue por su gran resistencia (símbolo japonés) y no porque los golpes del argentino no llevaran la fuerza que las imágenes denunciaban. No era cualquier rival Ioka (35 años), porque había reinado como minimosca y como mosca en los cuatro organismos rectores del boxeo en 35 peleas, con 31 victorias, 3 derrotas y un empate.

Luego de esos primeros cuatro asaltos fulminantes, las distancias se fueron achicando. Consiguió mejores perfiles el japonés y manejó golpes a la zona baja. Pero las ráfagas veloces de izquierdas y derechas, alternativas, de Martínez siguieron apareciendo. El combate se hizo más atractivo. Por lógica, todo el esfuerzo del argentino fue mermando algo su continuidad. Pero siguió mandando en el ring hasta llegar al fallo unánime de los jurados.

Pareció exagerado el 120-108 de uno de ellos. Quizá el más cercano hubiera sido el 116-112. O tal vez el 117-111 del tercero. Unánime, por supuesto. Pero quedó claro que en aquellos primeros cuatro asaltos, dos quizás se hubieran podido computar como de 10-8 por la diferencia abrumadora.

Lo cierto es que ahora el Puma Martínez, con dos cinturones, como único campeón mundial de nuestro boxeo ya se puede codear con algunos de sus gloriosos antecesores de las buenas épocas.

No podemos olvidar que el fenomenal Pascualito Pérez, ya campeón olímpico, consiguió la primera corona (mosca) de nuestra historia boxística también en Japón, cuando derrotó al afamado Yoshio Shirai el 26 de noviembre de 1954. Y fue pelea y revancha. Hasta alcanzar luego las nueve defensas antes de su derrota con el tailandés Pone Kingpetch.

El segundo campeón argentino que logró su corona en Tokio fue Horacio Accavallo, también en la categoría mosca, el 1° de marzo de 1966. Fue fallo dividido pero fue título mundial al fin ante el local Katsuyoshi Takayama. Tres defensas hizo Accavallo -todas en la Argentina- antes de retirarse en 1968.

Curiosamente, la tercera coronación de un argentino también fue en Japón. Del “Intocable” Nicolino Locche en aquella inolvidable exhibición del 12 de diciembre de 1968 ante Paul Fuji, guardada en el cofre de los recuerdos sagrados del boxeo argentino. Claro, ésa fue de los superligeros.

Esos tres primeros títulos se lograron en Japón. Pero si queremos referirnos a las categorías chicas, como las de Pascualito y la de Accavallo, es imposible no relacionarlas con el brillante nocaut de Santos Falucho Laciar al sudafricano Pete Mathebula, en 1981, en el gueto negro de Johannesburgo, Sudáfrica, cuando la discriminación estaba en cruel auge.

Fernando Puma Martínez es ahora campeón de los supermoscas de la FIB y de la AMB tras el triunfazo sobre Kazuto Ioka. Foto: Captura de TVFernando Puma Martínez es ahora campeón de los supermoscas de la FIB y de la AMB tras el triunfazo sobre Kazuto Ioka. Foto: Captura de TV

Es el turno de Fernando Martínez, pupilo del equipo de Marcos Maidana, aquel gran campeón, el de las dos peleas con Floyd Mayweather. Aunque aportó 24 medallas olímpicas y no logró una plaza en París 2024, el boxeo argentino sigue vivo en el profesionalismo en la imagen de un pibe humilde y ganador, campeón mundial de los supermoscas de la FIB y de la AMB. El único rey que tiene Argentina.



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