El médico que murió en el Río de la Plata: un cruce complicado que es una «maratón acuática»

El médico que murió en el Río de la Plata: un cruce complicado que es una “maratón acuática“

Este jueves por la tarde murió en Ensenada Gonzalo Leal, médico uruguayo de 56 años que intentó cumplir un sueño: cruzar el Río de la Plata a nado. Murió casi en la orilla, ya que sólo le faltaban menos de tres kilómetros de los 40 que separan Colonia del Sacramento, en Uruguay, de Punta Lara, en Argentina.

Nadó por más de 13 horas, sin descanso, acompañado de dos embarcaciones: una de auxilio y otra en la que viajaba uno de sus hijos, Octavio. Se había zambullido a las cuatro y media de la madrugada en Colonia, y estaba a menos de tres kilómetros de la línea costera argentina cuando comenzó a hacer movimientos descoordinados.

Socorrido por la lancha de auxilio, se dieron cuenta de que tenía los labios morados y casi no tenía signos vitales. Sufrió un paro cardíaco: le practicaron maniobras de RCP y lo llevaron a la costa de Punta Lara. Una vez allí, fue una camioneta y no una ambulancia la que lo trasladó hacia el hospital de Ensenada, donde se constató su muerte.

Si bien la exigencia física de un desafío tal es descomunal y teniendo en cuenta que las aguas abiertas son, de por sí, impredecibles, ¿pudo haberse evitado este desenlace? Una perspectiva desde el final hacia el principio puede aportar claridad.

Gonzalo Leal murió río adentro. Para cuando sus rescatistas lo llevaron de urgencia a la costa, ya estaba sin vida. Los salvavidas del lugar fueron quienes lo sacaron de la lancha y quienes lo trasladaron, en una camioneta, hacia el hospital de Ensenada. La lancha que lo socorrió es de la empresa organizadora a la que Leal le confió su travesía, su sueño, Open Water Argentina; y lo transportó hacia el punto estipulado para el fin de la travesía. Pero allí no había ninguna ambulancia ni tampoco un operativo de Prefectura Naval Argentina (PNA) presto para intervenir.

Contar con el visto bueno de la PNA es tan importante como que ésta disponga un operativo de recepción y patrullaje en el punto del destino. Igual de importante es que haya una ambulancia en el mismo punto. Ante cualquier rescate, son estos dos cuerpos los que deben intervenir, pero quienes intervinieron fueron los propios guardavidas del municipio de Ensenada.

Negligencia en la costa, vayamos aguas adentro. La empresa que contrató Leal, Open Water Argentina (OWA) se autodenomina como el “circuito más amplio de natación de aguas abiertas” en nuestro país. Fue fundada y es administrada por nadadores profesionales de competición y por entrenadores de natación en aguas abiertas: algunos muy laureados, como Damián Blum, Fernando Ciamarella o Lucas Rivet.

En sus perfiles de redes sociales, OWA publica fotografías y otra información de quienes en ellos confían. Con un simple vistazo, pueden observarse algunos detalles llamativos. El 24 de enero, la organización informó que seis nadadores intentaron cruzar el Río de la Plata, pero que sólo dos de ellos lo lograron.

Según lo que la propia empresa detalló en Instagram, de los cuatro nadadores que no completaron el cruce, uno debutaba en aguas abiertas y los otros sólo tenían experiencia en ríos como el Salado, el Gualeguay, el Uruguay o el Cuareim, cuyos caudales en poco pueden compararse al Río de la Plata. De los dos que sí lograron cruzar el Río de la Plata, uno también debutaba y otro tenía experiencia en el Salado y en Cancún, en donde había navegado diez kilómetros, un cuarto de la distancia de esta travesía.

De acuerdo con lo que él informó en sus propias redes sociales, Leal tenía experiencia en aguas abiertas en Punta del Este y Maldonado, pero nadó menos de 10 kilómetros, mucho menos de lo que el cruce del Río de la Plata significa.

Más contenido de las redes de OWA: se ve a dos nadadores que hicieron el desafío en diciembre pasado y lograron cruzar el río, ambos con traje de neoprene, lo que algunos especialistas desaconsejan para este tipo de expediciones. Y a mediados de noviembre, a un nadador brasileño debieron evacuarlo del agua por una tormenta eléctrica cuando le faltaban siete kilómetros para completar el cruce del Río de la Plata.

Para participar de una expedición, cada nadador debe pagar una tarifa de 4.000 dólares. Clarín intentó comunicarse con OWA, pero al cierre de esta nota no había obtenido respuesta.

Matías Ola es nadador de aguas abiertas y entrenador de otras personas que desean serlo. Es tucumano, tiene 39 años y desde hace casi dos décadas ha concretado hazañas como el cruce a nado de los canales de La Mancha y de Beagle, los estrechos de Gibraltar, de Bering y el de Magallanes, el del lago Baikal (el más profundo del mundo), y de tantas otras aguas más. Consultado por este diario sobre los recaudos que se debe tomar en una expedición de este tipo, marca varios puntos.

Un apto físico no es suficiente en estos casos: tenés que conocer también el comportamiento físico de la persona en el agua, su manejo de las energías, su resistencia y, sobre todo, su mentalidad”, agrega Ola. Este año, dice, no alentó a ninguno de sus entrenados a cruzar el Río de la Plata porque las condiciones climáticas no fueron, hasta ahora, las propicias: aumento del caudal y de intensidad del oleaje por el fenómeno del Niño, y también por las tormentas que hubo durante diciembre y enero.

Además de la preparación, hay otro pilar fundamental que es la seguridad. “Hay que entender que estos eventos son maratones acuáticas, sumamente exigentes. Por eso, siempre hay que dar aviso a la PNA para que esté totalmente al tanto de todo el itinerario, de los tiempos y de todo el trajín”.

Y agrega otro punto, desde su pericia profesional: “Si se tiene en cuenta la demanda física de este itinerario, más importante que llegar al punto estipulado por la organización, es pisar suelo firme allí donde se puede. Máxime si la preparación del nadador no es la mejor. Tiene que primar la seguridad, porque se trata de la integridad de las personas”.

Sobre el traje de neoprene –que Leal no estaba usando, pero sí llevaron otros nadadores de OWA–, Ola dice que se debe lisa y llanamente a cuestiones de flotación. “No es necesario y resultaría hasta contraproducente: con estas temperaturas extremas te sofoca. Si sólo cumple función de flotación, quiere decir que el nadador no está lo suficientemente preparado”, comenta.

Él tiene una asociación sin fines de lucro para entrenar a nadadores que quieren lanzarse a las aguas abiertas. Enfatiza en la necesidad de prepararse rigurosamente para este tipo de travesías, y la necesidad de los entrenadores –y de las empresas que se dedican a ofrecer esas travesías– de conocer a fondo a quienes en ellos confían.

A cien años del primer cruce exitoso del Río de la Plata, siguen siendo pocos los valientes y muy preparados que pudieron seguir por el mismo sendero. En cuanto a Leal, se espera que este viernes se realice una autopsia a su cuerpo.

AS

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