Un país con pobres en escuelas privadas

Y si de pronto las escuelas privadas dejaran de existir, la educación argentina colapsaría. Colapsaría aún más de lo que ya está colapsada.

Es porque en el país hoy no hay suficiente cantidad de escuelas estatales con la capacidad de absorber a los estudiantes que quedarían a la deriva. Además, el financiamiento estatal necesario -en escuelas y cargos docentes- sería enorme.

Visto de otro modo: hoy buena parte de las familias argentinas (cerca de 20%) está “bancando” al Estado para que el derecho a la educación se cumpla.

No se conoce que el Estado les esté dando las gracias por el esfuerzo.

Algo de esto debe estar en la cabeza de los funcionarios que están terminando de pulir el proyecto para darles una ayuda -vía Anses- a las familias que envían a sus hijos a colegios privados, pero que por el brutal ajuste de los últimos meses ahora no pueden pagar la cuota.

La semana pasada, un informe de la UCA reveló que más del 30% de los alumnos que van a las escuelas privadas ya son pobres.

En Capital, por ejemplo, son los hijos de padres que no llegan a reunir $ 1.017.520 que, según la Dirección de Estadística y Censos de CABA, se necesita para ser considerado de clase media. Y si se alquila, $ 1.300.000.

El subsidio a las familias que diseña el Gobierno obliga a repensar la racionalidad con la que el Estado invierte en educación.

La mayoría de las escuelas privadas ya reciben subsidios estatales. Será éste un subsidio sobre otro: uno a la oferta (los colegios) que ya existe, más otro a la demanda (las familias).

Habría que analizar si no se va a producir una suerte de “subsidio cruzado” desde las escuelas estatales hacia las privadas. Es que mientras que el mismo Estado nacional quitó el Fondo de Incentivo Docente (que va a escuelas estatales) al mismo tiempo ayudará a las familias necesitadas de los colegios privadas. ¿El dinero de un lado va para el otro?

Las escuelas particulares hoy cumplen un rol fundamental y, por eso, muchas familias las eligen. Por eso resulta auspicioso que haya una ayuda estatal para las familias que ahora no pueden pagar la cuota.

Pero la cuestión es sumar y no salir empatados, beneficiando a unos y perjudicando a otros. En todo caso, siendo el mismo Estado nacional el que generó el problema con el ajuste a los ingresos de las familias, lo razonable sería que ampliara el presupuesto para educación.

Y si lo que se busca es el déficit cero, podría pensarse ideas más creativas. La receta de recortar en la educación pública ya fue suficientemente probada el país y no parece haber dado buenos resultados.

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