Naciones Unidas e Igualdad de Género: Un desafío ganado

Naciones Unidas e Igualdad de Género: Un desafío ganado

Del 11 al 22 de marzo de 2024 se realizó en la sede de Nueva York de Naciones Unidas la 68 reunión de la Comisión de la Condición de la Mujer cuyo tema central fue la pobreza y cómo lograr el empoderamiento de las mujeres y niñas. Este año frente a estos temas se planteaba un desafío en sostener los derechos logrados respecto a la Igualdad de Género. Existen varios países que se oponen a la participación de la sociedad civil y especialmente de las organizaciones defensoras de derechos de las mujeres. Frente a esto se desarrolló una muy importante discusión en la que los países de América latina y el Caribe participaron como Grupo Buenos Aires , integrado este año por 17 países, ya que se sumó Guatemala al grupo. Este grupo fue coordinado por la representación de Argentina y su actuación fue muy importante ya que ayudó a sostener y ampliar lo resuelto en años anteriores. Si bien la discusión fue lenta y con muchas objeciones sin embargo se estructuró y aprobó un documento que es consistente y que tiene una buena base, justamente por su larga y profunda discusión y elaboración hacia el consenso. Como en Naciones Unidas las decisiones se deben tomar por consenso obliga a largas y profundas discusiones, que cuando se logran son muy robustos Esto es algo que permite avanzar y que se logró en unas pocas semanas previas a las dos de la reunión en sí misma. Quiere decir que lograr consenso no es algo imposible en tiempos limitados, algo que podemos extrapolar a la situación política nacional, donde estamos viviendo momentos con necesidad de encontrar consensos entre el PEN y el Congreso. Pero para eso se requiere que las partes que intervienen estén dispuestas a lograr consenso y no condicionen su participación a que la otra parte acepte su posición.

Si consideramos los aspectos tratados y acordados cabe señalar que empiezan por reconocer y ratificar la relación mutua que existe entre la igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas, reconociendo que esta es necesaria para lograr cumplir la Agenda 2030. Reconoce que la igualdad de género así como la participación plena, significativa e igualitaria de las mujeres en las decisiones es fundamental para enfrentar la pobreza y lograr el crecimiento económico en paz. También reconoce el derecho de mujeres y niñas a gozar de todos los derechos humanos y de la libertad en todo su ciclo vital y son agentes vitales para el cambio.

Además de promover el derecho de las mujeres al trabajo formal, señala que la falta de acceso a recursos económicos atenta contra su autonomía. Reconoce que padecen más hambre y como la pobreza exacerba las desigualdades y su malnutrición. Condena todas las formas de violencia contra mujeres y niñas incluidas el matrimonio temprano forzado , los repetidos embarazos en la adolescencia, y señala cómo las desigualdades son causa de violencias que deben atenderse y eliminarse. Reconoce la mayor carga de los cuidados no remunerados que experimentan niñas y mujeres y plantea la necesidad de adoptar políticas de cuidados que les permita seguir estudiando y trabajar plenamente. El acceso a la protección social plena acelera lograr la igualdad de género. Si bien se avanzó en educación las niñas tienen menos posibilidades de acceder a los niveles educacionales que los varones, especialmente en lo relativo a la ciencia , la tecnología y la matemática. En lo económico sanciona la prioridad dada al pago de la deuda en relación a las actividades para lograr la Igualdad de género. Pide se busque lograr los máximos niveles de salud física y mental a través de la atención primaria de salud, y asegurar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva y su atención, incluida la planificación familiar, su información y educación. El documento es mucho más abarcativo pero es imposible reseñar en esta nota y es una aproximación para celebrar los 30 años de Beijing en el 2025.

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