El mayor banco de Estados Unidos anticipó el derrumbe de la inflación y un fuerte rebote del PBI de Argentina en 2025

El banco más grande de Estados Unidos proyectó que, tras la estanflación esperada para este año, la economía argentina rebotará con fuerza en 2025. En este sentido, el equipo de expertos del JP Morgan pronosticó que el nivel de actividad de este año caerá 3,6% y que los precios minoristas crecerán el 200%, apenas por debajo del 211% del 2023, pero con un fuerte ajuste de precios relativos.

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Para 2025 el gobierno de Javier Milei podría registrar dos buenas noticias en simultáneo, según el Morgan: una inflación del 40% y un rebote del PBI del 5,2%. Las estimaciones resultan más optimistas que las del promedio del mercado, que prevén un crecimiento económico del 3-4 por ciento y una inflación cercana al 60% el año próximo, según el último relevamiento de expectativas que publica el Banco Central.

La inflación marcó un 25% de aumento en diciembre, 20% en enero, 13% en febrero y en marzo las mediciones privadas rondan entre el 11 y el 13 por ciento. Se prevé que el índice de los precios al consumidor (IPC) del Indec pueda llegar a un dígito entre abril y mayo, según el avance del cronograma del aumento de tarifas de los servicios públicos.

En este sentido, el presidente Javier Milei indicó que, si se descontara el incremento tarifario, la inflación correría a un dígito mensual. “El mayor logro es haber evitado la hiperinflación”, afirmó el Presidente en declaraciones al canal CNN en Español.

“Nosotros pensábamos alcanzar el déficit cero para el año completo 2024 y lo hicimos con tanta fuerza que lo alcanzamos en el primer mes del año. Eso implicó cortar con la emisión monetaria”, explicó y aclaró: “Marzo es un mes difícil, muy difícil por la cuestión de la estacionalidad, pero en algún momento la tasa inflación se va a derrumbar del mismo modo que se derrumbó el dólar”.

Además, el equipo de analistas del Morgan proyectó que el déficit fiscal será del 1,7% del PBI este año y del 0,7% en 2025, con cálculos más conservadores que los que promete el Gobierno, tendientes a alcanzar el equilibrio en las cuentas públicas a fin de este año.

En materia de deuda externa, el equipo de análisis del banco norteamericano estimó que llegará al 64% del PBI este año y bajará al 57% el próximo, mientras que las reservas del Banco Central subirán a USD 22.400 millones y a USD 27.400 millones, respectivamente.

El informe no es el único que refleja el creciente optimismo de Wall Street acerca de las cuentas argentinas, ya que Morgan Stanley pronosticó que la inflación caerá al 31% el año próximo, en el cálculo más optimista de todo el mercado internacional hasta el momento.

“El Gobierno deberia comenzar a acelerar el ritmo devaluatorio para no perder competitividad versus la inflación y devaluación de otras monedas emergentes como el Real de Brasil. Dejar apreciar en exceso el tipo de cambio puede costar caro”, indicó el trader Esteban Monte.

Los inversores y analistas extranjeros que pasaron por Buenos Aires en las últimas semanas dejaron atrás su escepticismo sobre la profundidad de las reformas prometidas por Milei en la campaña electoral, al sorprenderse con el superávit fiscal registrado en los primeros dos meses del año. Ahora la pregunta tiene que ver con la sustentabilidad de las reformas más estructurales que puedan dar lugar a una baja de la inflación de mediano plazo y la desregulación económica para que el país vuelva a crecer más allá del pico del año próximo.

Una percepción parecida predomina entre los funcionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) que pasaron por Buenos Aires este año, desde la número dos, Gita Gopinath, hasta el jefe de auditores de la región, Rodrigo Valdés, que destacaron en el país la velocidad del ajuste fiscal por la vía del recorte del gasto y de la emisión monetaria, aunque a coro con el Tesoro de Estados Unidos pidieron que se priorice la calidad y no la cantidad del ajuste y se preserve a los sectores más vulnerables. Observadores de la negociación explicaron que esta postura se basa en dos motivos: Washington cree que la tensión social puede quebrarse si no se protege a los más pobres y, además, no quiere ser señalado como el responsable de una potencial crisis social como ocurrió en 2001.

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