Elecciones en Cataluña: el triunfo socialista, un golpe al alma del independentismo con impacto en la política nacional

El resultado electoral en Cataluña es una herida narcisista en el alma independentista que el nacionalismo no se esperaba.

El soberanismo, que gobernaba en esa comunidad autónoma desde 2012, parece haber desencantado a su gente, que este domingo prefirió mirar hacia otro lado y entregar su voto a opciones no soberanistas.

Sin embargo, el mensaje de las urnas es coherente con la crisis entre sí de los partidos independentistas que desencadenó el mismísimo adelanto electoral de este domingo.

Porque el gobierno que Esquerra Republicana, Junts per Catalunya y la CUP formaron luego de las últimas elecciones de 2021 se fue deshilachando por encontronazos entre ellos.

Primero la CUP y luego Junts fueron abandonando el ejecutivo que Pere Aragonès, de Esquerra, que se inauguró con una confortable mayoría de 74 diputados, 6 más de los necesarios para alcanzar la mitad más uno de los 135 que integran el Parlamento.

Pero con la salida de sus socios de gobierno, durante el último año y medio, Aragonès contó apenas con las 33 bancas de su partido, minoría parlamentaria que fue agobiando la gobernabilidad de su gestión.

En marzo, luego de que el Parlamento le bochara sus presupuestos para este 2024, Aragonès decidió disolver la Cortes catalanas y convocar elecciones anticipadas para este 12 de mayo.

Salvador Illa celebra el triunfo en Cataluña. Foto APSalvador Illa celebra el triunfo en Cataluña. Foto AP

Curiosamente Esquerra, el partido independentista más cascoteado en estas elecciones -perdió 13 diputados-, es el que tiene en sus manos la decisión de permitir la formación de un gobierno tripartito, con el Partido Socialista de Cataluña -flamante vencedor- y con los Comunes-Sumar, la coalición de izquierdas no independentista.

La otra opción para Esquerra sería inclinarse por no apoyar a los socialistas y entonces forzar una repetición electoral, con la esperanza de mejorar sus resultados, variable que no sería la más lúcida teniendo en cuenta que el voto independentista no se movilizó con particular entusiasmo este domingo.

Lo que viene

La clave estará en los pactos, esos acuerdos de gobierno que durante la campaña todos los candidatos desdeñaron y de los que ahora se agarran como salvavidas en medio de un naufragio.

Esquerra encaró estos comicios, además, con el desgaste propio de ser gobierno. Su bandera de campaña fue prometer un referéndum de autodeterminación pactado con el gobierno nacional, intentar que los impuestos que se recaudan en Cataluña se queden allí y propagar la lengua catalana lo más posible.

El líder de Esquerra y presidente de la región, Pere Aragonés, tiene en sus manos la formación del gobierno socialista. Foto AFPEl líder de Esquerra y presidente de la región, Pere Aragonés, tiene en sus manos la formación del gobierno socialista. Foto AFP

Su electorado, sin embargo, está dividido como nunca antes. Buena parte de sus afiliados y simpatizantes piensa que pactar con los socialistas y permitir un gobierno de izquierda ayudaría a la causa. La otra mitad, fiel al anhelo de la república propia, sólo quisiera ver a su partido al lado de las otras fuerzas separatistas.

Como nunca antes, el resultado de unas elecciones regionales podría condicionar la estabilidad del gobierno nacional en España. Aunque la victoria del candidato socialista catalán aquietó la taquicardia que preocupaba en Moncloa.

La dependencia parlamentaria de Pedro Sánchez, que necesitó el apoyo imprescindible de los partidos independentistas catalanes para lograr su reelección en noviembre del año pasado, vuelve crucial estas elecciones en Cataluña.

El independentismo de Equerra y de Junts se recrimina mutuamente las negociaciones que cada partido hizo por separado con el PSOE de Pedro Sánchez.

Celebran en voz baja, sin embargo, las concesiones que el actual presidente del gobierno les fue haciendo. Desde una mesa de diálogo y un indulto para los independentistas presos por haber organizado y participado en el referéndum de autodeterminación ilegal de 2017 que consiguió Esquerra. Hasta la polémica ley de amnistía que pactó Junts para que su épico líder, Carles Puigdemont, pueda volver al pago sin que la Justicia lo aceche.

La amenaza de soltarle la mano al gobierno de coalición que lidera Sánchez no deja de ser una chicana. El arco independentista, tanto de derecha (Junts) como de izquierda (Esquerra), sabe muy bien que si el socialdemócrata deja La Moncloa, lo que podría venir -un gobierno del Partido Popular en sociedad con Vox- sería peor.

Aunque hoy mismo el “procés”, esa década en la que el independentismo marcó el paso en Cataluña, declare el pronóstico reservado para el sueño soberanista.

PB

COMENTARIOS