20 de junio de 1973: Cómo Montoneros utilizó lo ocurrido en Ezeiza para justificar el asesinato de Rucci

Hace 51 años Juan Perón regresó definitivamente a la Argentina. Hubo una movilización multitudinaria para recibir al líder que había estado en el exilio. El acto se suspendió porque hubo tiros y muertos. El avión que traía al General fue desviado a la Base Aérea de Morón. La tesis del autor sobre la utilización de los hechos de Ezeiza para justificar el “ajusticiamiento” de quien fuera secretario general de la CGT

PorAldo Duzdevich

El palco del acto fue controlado por el peronismo tradicional. Armas largas para recibir a las columnas de la Tendencia

El 20 de junio de 1973, Perón regresó en forma definitiva al país. Una multitud calculada en dos millones de personas se reunió en Ricchieri y Ruta 205 donde se había montado un enorme palco para recibir y escuchar a Perón. Pocas horas antes de la llegada del vuelo, en la zona posterior del palco se produjeron graves incidentes entre el grupo armado que estaba arriba del palco y una columna de Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros. El avión no bajó en Ezeiza sino en la Base Aérea militar de Morón. Perón no pudo saludar a su pueblo. La multitud – que en su inmensa mayoría no participó ni física ni espiritualmente en el choque entre grupos armados – se desconcentró en una atmósfera de tristeza, duda, dolor y silencio.

Sin dudas Ezeiza representó un hecho trágico. La fiesta popular que tendría que haber sido el recibimiento definitivo del general Perón terminó siendo el escenario de un violento y confuso enfrentamiento entre distintos sectores del peronismo.

Los preparativos del acto

Con el aval de Perón se constituyó una Comisión Organizadora del acto integrada por: Juan Manuel Abal Medina, Norma Kennedy, el coronel (RE) Jorge Osinde, José Rucci y Lorenzo Miguel. Con un claro desbalance del sector de FAR-Montoneros, quienes aparecían representados solo por Abal Medina.

En el gobierno de Cámpora existía una real preocupación sobre la posibilidad de que las fricciones entre los distintos sectores del peronismo emergieran en el encuentro. Por este motivo, el presidente convocó a referentes de las organizaciones armadas para pedirles que no hubiese disturbios ni confrontaciones en el acto.

Luego de la reunión, se comenzaron a planificar estrategias para resolver el movimiento y ubicación de las propias fuerzas en el acto. El ex militante montonero Jorge Gaggero recuerda: “Llegaron a barajarse opciones delirantes. Una que recuerdo bien -y eso sé que se discutió en alto nivel- era montar una grúa de brazo altísimo que depositara en el palco en pleno acto a los sobrevivientes de Trelew.”

El ex militante de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) Taco Ralo, Néstor Verdinelli cuenta: “Por parte de Montos/FAR la cuestión era sacarles el monopolio de Perón a la derecha enquistada en el palco. Barajaron diferentes hipótesis, algunas casi psicodélicas, como la de tomar el control de Perón en Ezeiza, cuando bajara el avión. Finalmente fueron descartadas diversas opciones hasta que quedó la final: la columna Sur, entraría no por la ruta a Ezeiza, entrarían por el costado, marchando hacia el palco”.

Hubo tiros que obligaron a los manifestantes a acostarse en el pasto. Perón no fue a Ezeiza, el avión que lo traía al país bajó en la Base Aérea de Morón

La puja por el palco

Las disputas por llegar con los carteles de una agrupación más cerca del palco, son un clásico de los actos peronistas. Lo eran hacen 50 años y lo son ahora. Y lo que empieza con empujones por ganar lugar, muchas veces termina con palazos y piñas. Solo que en Ezeiza además de palos y cadenas había una gran cantidad de gente armada. La movilización a Ezeiza, para recibir a Perón después de 18 años de exilio fue el acto político mas grande de nuestra historia. Creo, solo equiparado o superado por lo que se vio en la Ricchieri el 20 de diciembre del 2022 en el recibimiento a la Selección Nacional luego de ganar la Copa del Mundo en Qatar.

Es cierto, que las columnas de la JP Regionales con carteles de FAR y Montoneros eran las más numerosas de la movilización. Pero, como bien cuenta Carlos Flaskamp, por entonces miembro de la conducción de las FAR de La Plata: “Estaba claro que para Ezeiza el convocante era Perón. La gente se movilizaba para ir a ver a su líder. Lo que nosotros aportábamos eran la organización y el esfuerzo militante para hacer llegar la gente hasta el lugar del encuentro. Pero, en los carteles que portaban nuestros activistas se hablaba poco de Perón y mucho de FAR y Montoneros”. Las columnas de FAR-Montoneros, lograron llegar y colocar sus carteles bien frente al palco, eso se puede observar en las fotos panorámicas de la Ricchieri. La organización había previsto (como hoy en día se hace en cualquier acto ) una zona de acceso para la comitiva de Perón detrás del palco. El tramo de Ricchieri que va desde el aeropuerto hasta el rulo de la ruta a Cañuelas. Esa zona detrás del palco debía estar libre de publico.

La Comisión Organizadora había dispuesto que la custodia del palco estuviese a cargo de militantes, excluyendo a las policías federal y provincial. El jefe operativo era el coronel (RE) Jorge Osinde y el ex-capitán Ciro Ahumada. Tenían presencia en el palco varios militares y gendarmes retirados muchos de ellos vinculados al COR (Centro de Operaciones de la Resistencia) dirigidos por el general Miguel Ángel Iñíguez, de destacada actuación en los años de la Resistencia Peronista. Se habían sumado militantes pertenecientes al Comando de Organización (CdO) , Concentración Nacional Universitaria (CNU) Juventud Sindical Peronista (JSP), la Juventud Peronista de la República Argentina (JPRA) y otros grupos menores. Muchos de ellos estaban armados con escopetas Ithaca y ametralladoras.

Hombres armados con brazaletes identificatorios de diferentes sectores en pugna dentro del peronismo

Por el lado de la JP Montoneros Mario Firmenich le dijo a Felipe Pigna : “Fuimos con armas cortas. No hubo ninguna directiva de ir armado… es que normalmente la gente iba armada. El activismo iba armado, el nuestro, el del Comando de Organización, cualquiera. En este sentido, en Ezeiza debió haber muchísima gente armada, pero en proporción poquísima: para dos millones de personas habrá habido cinco mil armados.”

El ex-jefe militar de las FAP de Taco Ralo Néstor Verdinelli recuerda: “Nuestros compañeros, como nosotros mismos que íbamos con la columna FAP de Capital, llevábamos armas cortas. Por si era necesario organizar una defensa. Se suele decir que también los montos llevaban nada más que armas cortas. Lo que no es cierto: en la columna Sur iban compañeros montoneros armados con metralletas y fusiles FAL”.

El ex militante montonero Oscar Balestieri dice: “En los hechos, la indicación fue ir a Ezeiza con armamento liviano. En el grupo que voy, seis u ocho compañeros llevábamos pistolas 22. Sin embargo, Quique Padilla iba en un ómnibus con una ametralladora Madsen pesada que nunca llegó a Ezeiza porque no la podía ni sacar; estaba montada en la parte de atrás de un ómnibus y solo paseó” .

Cinco mil militantes de FAR-Montoneros armados con armas cortas tropezando con 300 pesados del palco, equipados con armas largas era un cóctel explosivo que cualquier chispa podía hacer volar por los aires. La cifra oficial de 13 muertos, es un resultado milagroso en un espacio donde había dos millones de personas.

Los incidentes detrás del palco

Por la ruta 205 ingresó la columna sur de la JP Regionales, la cabeza de la columna logró ubicarse muy cerca del palco en el sector derecho, el resto del grupo realizó un giro por detrás para intentar ubicarse en el sector izquierdo. Ese movimiento de la columna, dio origen a la confusión de suponer que se quería rodear y copar el palco. Primero fueron empujones, cadenazos y palos, hasta que alguien hizo saco un arma e hizo el primer disparo y se desató el caos.

Carlos Flaskamp relata que la cabeza de la columna sur, pudo ubicarse muy cerca del palco, en el sector derecho. Pero, la parte de atrás de la columna que no había podido acercarse hizo un giro por detrás del palco para intentar ubicarse en la izquierda. “Este movimiento parece haber sido mal interpretado por la custodia que supuso que la columna Sur se aproximaba al palco con intención de tomarlo por asalto y abrió fuego. Para nosotros que estábamos ubicados adelante y a la derecha del palco(…)los de la custodia aparecían haciendo fuego en dirección contraria. Por lo tanto(…)optamos por permanecer en nuestra posición convencidos que nuestra columna era ajena a los enfrentamientos.”

Es difícil saber quién disparó el primer tiro y casi que no es trascendente. Cuando hay en un sitio tanta gente armada, lo más posible es que ante la sola explosión de un globo, la mayoría saque sus armas y comiencen los disparos. Esto fue lo que sucedió en Ezeiza. Enfrentamientos entre grupos rivales, incluso entre ellos mismos, puesto que la confusión fue tan grande que nadie distinguía cuál era su bando.

La ex militante montonera Marcela Durrieu relata: “Estando allí empezaron los tiros. Yo no vi entrar a la columna ni nada, yo lo que vi es que volaban tiros y que nadie sabía de dónde venían. Vi gente con brazaletes de todos los colores tirándose al piso y heridos, y todo el mundo puteando contra todo el mundo… como si atacaran los marcianos digamos, porque yo tenía al lado mío gente con el brazalete verde de la Juventud Sindical. Entonces empezaron a venir las ambulancias, y todo el mundo se paraba, levantaban los heridos, volvían los tiros, nadie sabía qué estaba pasando”

Prueba de la confusión que reinaba, es la famosa foto del joven izado de los pelos al palco. En 2010 una investigación del profesor Enrique Arrosagaray de Avellaneda, develó su identidad. Su nombre es José Rincón era militante de la JPRA, había ido en la columna de Herminio Iglesias. Con él, subieron también a Leonardo Torrilla, quien logró que lo reconocieran como parte de los custodios del palco, y finalmente ambos fueron liberados.

El mismo caso es el de los ocho detenidos y golpeados en el hotel de Ezeiza: Dardo José González, Víctor Daniel Mendoza, Luis Ernesto Pellizzón, José Britos, Juan Carlos Duarte, Alberto Formigo, Juan José Pedrazza, y José Almada. A quienes salvó la oportuna y valiente intervención de Leonardo Favio. Ninguno de los ocho pertenecían a la JP Montoneros, sino a distintos sindicatos y sectores de la ortodoxia peronista.

Durante los incidentes nunca hubo disparos desde el palco hacia la multitud que estaba frente al palco. Eso hubiese producido un desbande y estampida, como las que hemos visto en La Meca, que se cobraron miles de vidas. Quienes estaban frente al palco, sentían el silbido de balas, que en realidad eran los disparos de armas cortas, realizados desde atrás el palco, que pasaban por arriba y llegaban casi sin fuerza al otro lado

La del 20 de junio de 1973 fue una de las movilizaciones más grandes de la historia argentina

Muertos de ambos bandos

La JP y Montoneros, a través de sus comunicados y su revista El Descamisado, reconocen dos muertos de su sector, Horacio “Beto” Simona, combatiente montonero y Antonio Quispe, combatiente de las FAR . Horacio Verbitsky en su investigación, menciona 13 muertos y 400 heridos, nombrando como muertos de la JP, además de Quispe y Simona, a Hugo Oscar Lanvers de la UES. Hay un cuarto: Raúl Obregozo que era militante de la JP La Plata.

De la custodia del palco las víctimas fatales fueron tres: el capitán (RE) del ejército Máximo Chavarri, y los militantes del Comando de Organización: Rogelio Cuesta y Carlos Domínguez .

En el listado emitido por Salud Pública figuran otros fallecidos, que seguramente fueron asistentes al acto que no tenían una militancia activa en algún grupo: Antonio Aquino, Pedro Lorenzo López, Manuel Segundo Calabrese y Hugo Sergio Larramendia.

Si los muertos fueron cuatro de un bando y tres del otro, está claro que hubo enfrentamiento y disparos de ambos lados. Luego puede alegarse que el grupo del palco tenía mayor poder de fuego, pero los cinco mil militantes de FAR- Montoneros provistos de armas cortas y algunas largas, no es que llevaban armas para un desfile. Cortas o largas ambas armas, disparan y matan.

¿Masacre o enfrentamiento?

Al día siguiente, los titulares de los principales diarios no mencionaban las palabras masacre o matanza. La Opinión, tituló “Debido a las luchas ideológicas de sectores juveniles, Perón debió cancelar su presencia en la masiva concentración de Ezeiza”. La Prensa, en la nota de interior informó que: “Por enfrentamientos armados Perón aterrizo en Morón”. Clarín sintetizó: “Enfrentamiento entre grupos armados”.

En el mismo tono se refirieron los demás diarios. Los tiroteos se concentraron detrás del palco por lo que no afectaron en forma directa a la multitud que se había ubicado en frente del mismo y entre la que se destacaban los carteles de las columnas de FAR-Montoneros que habían ocupado las primeras filas.

Seis días después la revista de Montoneros El Descamisado tituló en su tapa “La matanza de Ezeiza” . Y en el número 8 publicado el 10 de julio, una nota interior a María Antonia Berger, se titulaba: “Trelew y Ezeiza una misma masacre”. A partir de allí la prensa de Montoneros y de la izquierda en general construirá el paradigma “La Masacre de Ezeiza” que hoy puede encontrarse hasta en Wikipedia con ese título.

Mario Eduardo FirmenichMario Eduardo Firmenich

Si un sector (la Tendencia) tuvo cuatro muertos y los del palco tuvieron tres, eso significa que hubo un enfrentamiento con bajas de ambos bandos, pero no se puede calificar de masacre.

Marcela Durrieu analiza lo sucedido: “No sé cómo empezó el tiroteo, pero un enfrentamiento, por grave que sea, no es lo mismo que una masacre y no es cierto que los montoneros habían concurrido desprevenidos y no imaginaran un posible enfrentamiento. Ezeiza fue una excusa perfecta para comenzar la estrategia de victimización y enfrentamiento frontal con el peronismo y con Perón. La insistencia en destacar que había sido una emboscada, en asignarse todos los muertos y heridos, en magnificar los hechos y en diluir la trascendencia de la imposibilidad del descenso de Perón fueron una política dirigida a convencer al país y a la tropa propia de la condición de víctimas”.

Un dato llamativo de como se modificará el relato, es que el comunicado de FAR-Montoneros sobre los hechos de Ezeiza, emitido el 26 de junio, dice: “Los principales responsables de esta traición histórica son el Tte. Coronel (RE) Jorge Osinde, Alberto Brito Lima y Norma Kennedy”. Pero no fue mencionado José Rucci, quien además, no estuvo en Ezeiza, porque venía con otros dirigentes en el avión que traía de regreso al General Perón.

El relato que dura hasta nuestros días

Olga Ruiz, Investigadora de la Universidad de la Frontera, Temuco, al analizar lo ocurrido en los años setenta en Chile expresa:“Los grandes relatos sobre nuestra historia reciente se han construido centrados en el heroísmo y la victimización, esquema binario que se afirma y consolida en la figura del traidor. Se trata en realidad de una triada (héroe-víctima-traidor) en las que el quebrado concentra -como un chivo expiatorio- las contradicciones, los fracasos y la derrota de la izquierda chilena. Es más sencillo atribuir la caída sostenida de militantes a unos cuantos traidores que analizar críticamente las políticas adoptadas por las dirigencias de las organizaciones revolucionarias.”

El relato de la historia reciente de nuestro país, está construido sobre el mismo esquema: héroes-víctimas y traidores. En el caso argentino, según el paradigma montado por los periodistas y escritores ex-militantes de las organizaciones Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros, el principal traidor culpable de sus fracasos se llama Juan Domingo Perón. A quien se agregan la llamada burocracia sindical, y todos los que cuestionaban la política de la conducción de Montoneros. En ese relato, la supuesta traición a los jóvenes, comenzó el 20 de junio de 1973 en lo que Verbitsky bautizó “La masacre de Ezeiza”.

Horacio Verbitsky publico su libro Ezeiza recién en 1985. Mas allá de la profusión de información que contiene, algunas verificables y otras no; a mi juicio, no es el detalle de los hechos lo más importante, sino su prólogo, donde hace el análisis político y sienta los paradigmas del relato montonero, que luego serán repetidos por los difusores del mismo pensamiento.

Escribió Verbitsky: “Lo sucedido en Ezeiza el 20 de junio se resume en una frase del discurso pronunciado por Perón la noche del 21. Somos lo que dicen las veinte verdades justicialistas y nada más que eso. En ellas no cabía el programa socializante que el peronismo se dio en la oposición (…) El hombre viejo y enfermo que descendió en la base militar de Morón no podía salvar ese abismo, conciliar tendencias antagónicas que se mataban en su nombre (…) y avaló a la derecha del Movimiento”.

Horacio VerbitskyHoracio Verbitsky

Aquí aparece la remanida acusación a Perón de traidor al programa socializante que sí tenían FAR y Montoneros, pero que nunca estuvo expresado en la doctrina peronista. En noviembre del ´73 Mario Firmenich tuvo una conversación con los cuadros medios de la organización. Se llamó “Charla a los frentes » y fue publicada por Rodolfo Baschetti. En esa oportunidad Firmenich dijo: “Hay que tener claro que es la ideología. Es un proyecto socio-económico-político que representa en forma cabal los intereses de una clase determinada. Resulta de ello que nuestra ideología es el socialismo, porque el socialismo es el estado que mejor representa los intereses de la clase obrera”. “La ideología de Perón es contradictoria con nuestra ideología porque nosotros somos socialistas (…)para nosotros la Comunidad Organizada, la alianza de clases es un proceso de transición al socialismo”, agregó. Para concluir: “La conducción estratégica para Perón (…)es unipersonal, es el conductor y los cuadros auxiliares. Eso es contradictorio con un proyecto de vanguardia, en donde la conducción la ejerce una organización, no un hombre, no hay conductor. A partir de allí, del desarrollo de nuestro proyecto, y de nuestra intención tal vez `desmedida´, de ser conducción estratégica, surgen confrontaciones o competencias de conducción. (…) Perón sabe que nuestra posición ideológica no es la misma que la de él, y de ahí que tiene una contradicción que vaya a saber como la resolverá”.

La justificación del asesinato de Rucci

Semanas antes de esa charla de Firmenich, Montoneros había “ajusticiado” al Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT), José Ignacio Rucci. La revista Evita Montonera de junio de 1975 publicó una nota titulada: “A dos años de la matanza de Ezeiza. Ni olvido ni perdón”. Y luego de dar la versión de los hechos del 20 de junio de 1973, agregó un recuadro titulado: “Justicia Popular”. Allí enumeran los dieciséis “ajusticiados” en venganza por los hechos de Ezeiza. El primero de ellos es: “José Rucci. ajusticiado por Montoneros el 25-09-73″ . Aclaremos que Evita Montonera era el órgano oficial de prensa de la organización Montoneros.

Dos personalidades insospechables de pertenecer a la derecha, años después afirmaron en sendos reportajes:

El ex Secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde afirmó: “No tengo dudas de que a Rucci lo mataron los Montoneros y FAR, que acababan de fusionarse. Lo hicieron con un propósito múltiple: en su delirio habían acuñado la teoría de que había que negociar con Perón, `apretándolo con un muerto sobre la mesa´. Al mismo tiempo buscaban congraciarse con Lorenzo Miguel (…) y ajustar cuentas con Rucci. (…) Ni el secretario de la UOM vio con simpatía este crimen, ni a Perón lo `apretaron´ sino que se enfureció realmente”.

José Rucci asesinado por Montoneros el 25 de septiembre de 1973José Rucci asesinado por Montoneros el 25 de septiembre de 1973

El ex montonero y poeta Juan Gelman, fue mas crudo: “Lo de Rucci no se hizo para despertar la conciencia de la clase obrera; se hizo en la concepción de tirarle un cadáver a Perón sobre la mesa para que equilibrase su juego político entre la derecha y la izquierda. Cuando se produce lo de Rucci en septiembre de 1973 y lo de Mor Roig después, hay gente de distinta procedencia que no está de acuerdo. Como conclusión, lo de Rucci iba a cercenar el apoyo de la clase obrera y lo de Mor Roig los apoyos de la clase media”.

Pero claro, esta definición de acto cuasi mafioso del asesinato de Rucci, no cabía en el relato de héroes-victimas y traidores. Entonces tuvieron que hacerlo encajar, en que Rucci, había sido el ideólogo y principal responsable de la “masacre de Ezeiza” , razón por la cual la “justicia popular” representada por Quieto y Firmenich deliberó y lo condenó a recibir 23 balazos por la espalda.

El relato de victimización de montoneros en la etapa 73-76, requiere magnificar los hechos de Ezeiza, en los cuales – sin dudas – fueron una parte de las víctimas; y ocultar deliberadamente otros hechos en los que actuaron como implacables victimarios, como fue el asesinato de José Ignacio Rucci.

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