La negativa al diaconado femenino


Sectores religiosos reformistas de los Estados Unidos y Alemania, entre otros, promueven la conformación de un diaconado femenino, primer escalón al otorgamiento del sacerdocio a mujeres dentro de la Iglesia católica. Menos extremas, otras posiciones proponen incluir un diaconado femenino no sacramental, en línea con el ministerio del lectorado o del acolitado ya oficializado, así como un diaconado sacramental que no permita acceder al presbiterado y al episcopado.

En más de una ocasión, el papa Francisco se ha mostrado firme en su decisión respecto de no aceptar discutir la ordenación sacerdotal de mujeres.

En 2016, durante un encuentro con 900 religiosas superioras de todo el mundo en el Vaticano, Francisco anunciaba la creación de una comisión para estudiar el diaconado femenino, un giro histórico. “La Iglesia debe involucrar a consagradas y laicas en la consulta, pero también en el proceso de decisión”, aseguró. “Este creciente rol de las mujeres en la Iglesia no es feminismo, sino un derecho de todos los bautizados: varones y mujeres”, había reflexionado entonces. Una comisión teológica de estudio continúa analizando el tema.

En una entrevista reciente en la cadena CBS norteamericana, referida a la segunda parte del Sínodo sobre los grandes cambios de la Iglesia iniciado el año pasado y que se retoma a fines de septiembre, el papa Francisco desestimó tajantemente la discusión de esta cuestión. “Si son diáconos con las órdenes sagradas, no. Las mujeres han siempre tenido, diría, la función de diaconisas como ministros en el interior de las órdenes”. Se refería a que a las mujeres les es permitido celebrar bodas, bautismos y funerales; pueden predicar, pero no dar misa. La consagración de la eucaristía y el perdón de los pecados en el sacramento de la confesión es solo prerrogativa de hombres.

La Conferencia sobre la Ordenación de las Mujeres (WOC por sus siglas en inglés dado su origen norteamericano) expresó su desilusión. La institución aboga y ora en pos de un nuevo estatus para las mujeres dentro de la Iglesia. Argumentan que Jesús incluyó a muchas como compañeras de ministerio, entre ellas María Magdalena, María de Betania y Salomé, pero los 12 apóstoles elegidos fueron hombres. Afirman también que hay testimonios del cristianismo primitivo y de las cartas de san Pablo sobre mujeres líderes de iglesias domésticas, sacerdotisas y obispas. Apelando a que la Iglesia tiene que estar en sintonía con “los signos de los tiempos” (encíclica Gaudium et Spes) y a que no habría sustento en las Escrituras para prohibir la ordenación femenina, lamentan que la exclusión de las mujeres de puestos de autoridad eclesial conduzca a descartar los dones y los talentos de más de la mitad de los miembros de la Iglesia, unas 1300 millones de fieles. Promueven lo que denominan el Ministerio de la Irritación, apelando análogamente a la acción de un grano de arena que termina dando nacimiento a una hermosa ostra, para hacer oír sus reclamos.

Cabe señalar que en el debate que mantuvo la Iglesia anglicana a fines del siglo pasado, el tema del sacerdocio femenino fue ampliamente afrontado. Hoy hay varias mujeres que ejercen el ministerio episcopal, lo que teológicamente supone la plenitud del sacerdocio. Y en la Iglesia católica actualmente hay mujeres que tienen voz y voto en el sínodo y algunas ocupan cargos jerárquicos en la Santa Sede.

El papel de la mujer en el gobierno de la Iglesia era uno de los temas incluidos en el documento preparatorio del Sínodo por lo que WOC considera el “no” papal como “una traición al proyecto sinodal de caminar juntos”. Hay que señalar que la posible apertura al diaconado femenino había sido uno de los puntos con más votos de rechazo en octubre pasado. Para esta segunda instancia, el Papa ha apartado del tratamiento muchas cuestiones controvertidas.

El aperturista cardenal Jean-Claude Hollerin, arzobispo de Luxemburgo, advirtió contra la “excesiva impaciencia”, pues la polarización “llevaría a la muerte de la Iglesia” y destacó que “la ordenación al sacerdocio o el diaconado no es el único criterio para la paridad”. El valor teológico de la unidad enfrenta formas variables en diálogo con una diversidad cada vez más amplia. El debate, instalado ya en los primeros siglos del cristianismo, continúa vigente.

LA NACION

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