En primera persona, cómo funcionan los pasos ilegales en la Triple Frontera

La conversación se inició a metros de una estación de servicios en Puerto Iguazú, la ciudad misionera que junto a Foz do Iguazú (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay) le dan vida a la Triple Frontera, uno de los límites más porosos y calientes de América latina.  El hombre aguardaba para llenar su tanque de nafta, además de algunos bidones que llevaba en el baúl.

Pero apenas se puso a hablar, nos llevó hacia los márgenes del río Paraná. Se trató de una confesión sin pruritos sobre cómo funciona el fenomenal contrabando en esa frontera. Un testimonio que aquí vamos a reproducir en primera persona.

-¿Por qué en todo momento hay tanta cola para cargar nafta en las estaciones de servicio de Puerto Iguazú? 

-Porque cada vehículo tiene entre cinco y 10 bidones de 20 litros, y eso retrasa muchísimo. Hacemos fila de una o dos horas. Porque casi todos buscan llevarse esta nafta para, digamos, «exportación». Esta sería la palabra más sencilla para definirla. Porque a esta nafta la compran en Paraguay y en Brasil. Esto sucede acá en Iguazú, pero también en Puerto Libertad, en El Dorado, o sea, en toda la frontera hasta Clorinda.

-¿Y cuánto ganan por cada litro de nafta? 

-Y le dejan 150 pesos por cada litro, más o menos. Eso hace una buena suma en 300, 400 litros que llevan. Hay gente que directamente se dedica a eso, carga bidones y después los lleva para Paraguay, para Brasil. La mayor parte de esa gente están desocupadas o encontraron otro sistema laboral para ganar más dinero fácilmente, digamos, pero… es un trabajo que siempre se hizo en la frontera. Por ejemplo, en mi caso, nosotros también en una época llegamos a traer de Paraguay hasta Argentina la nafta más barata. Así que esto es recíproco. Ahora nos toca a nosotros que vengan a comprar acá y con el cambio de gobierno, de dólar o lo que sea, algún día nos tocará ir a comprar otra vez de nuevo.

-¿Y tienen problemas con los controles en la aduana o los sacan por otro lado?

-Por la Aduana legal digamos que está todo muy controlado. Pero ahí tenemos mil y pico de kilómetros de frontera. Así que siempre tenemos varias aduanas clandestinas.

-O sea que tenés a lo largo y ancho de todo el río para pasar. 

-Sí, como dije, mil y pico de kilómetros. Tenemos hasta Clorinda, Formosa, Salta, Corrientes, Misiones. La parte de Corrientes en el río Uruguay, también pasan por Paso de los Libres.

-¿Y cómo saben del otro lado que vos estás por pasar?

-Con un chiflido. Siempre hay una persona que está esperando el pase, que trabajan en eso también, porque son toda gente humilde que vive, trabaja. Son gente que no tiene una actividad laboral fija, entonces con un chiflido ya está en tus puertas… Hacés un chiflido y aparece la lancha, están esperando, trabajan en eso, viven de eso, ese es su mundo. Hay pequeños pobladitos ahí cerca del río, 30 o 40 casas, y se ocupan de eso.

-¿Y recién en ese momento acuerdan el precio de venta?

-No, no, eso ya está todo estipulado. Todo por teléfono, antes.

-¿Nafta y qué más pasan? 

-Nafta, aceite, gomas, leche, fiambre, es un intercambio, un mini mercado.

-¿Y del otro lado?

-Y del otro lado de Paraguay traen celulares, gomas y qué sé yo, otras cosas…

No hace falta que sea más explícito. El contrabando «hormiga», del que este hombre es un engranaje más, utiliza las mismas rutas y los mismos métodos que las organizaciones criminales usan para insertar cocaína, marihuana o armas. Incluso, personas.

En botes o lanchas, a cualquier hora del día, los «paseros» cruzan el río Paraná a lo ancho. Los Cedrales y Presidente Franco, en Paraguay, son los puntos de mayor contacto con los contrabandistas argentinos.

La fiebre por la nafta argentina hoy es sólo una muestra patética de todo este sistema: a plena luz del día, automovilistas con los baúles repletos de bidones, hacen fila para cargar en las principales estaciones de servicio de la ciudad. No hace falta ser un especialista en inteligencia criminal para inferir que esa persona dispondrá de otro destino para semejante volumen de combustible que está adquiriendo. Más cuando vuelve todas las semanas.

La cultura del contrabando se traduce en una cultura del delito. Nafta, cubiertas o alimentos, de un lado a otro de la frontera, pueden convertirse también en drogas, armas u explosivos. La metodología, insisten los especialistas, es la misma.

Todo queda al desnudo:

-El delito.

-La mano de obra que utilizan.

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