Desafíos de Bolivia – LA NACION


BOGOTÁ.- La escena, que devuelve la memoria del país y del continente a difíciles épocas de inestabilidad democrática, mostró un vehículo blindado intentando derribar la puerta de la sede de gobierno boliviano y a un piquete de soldados fuertemente armados rodeando la plaza Murillo, mientras desde distintos sectores se pedía la movilización de la ciudadanía para evitar el éxito de la intentona.

Fueron horas dramáticas en las que, incluso, el presidente Arce encaró al general para exigirle que cumpliera con su deber constitucional de defender la democracia y replegara a sus hombres y cuyo rotundo “no” provocó que el mandatario tomara la decisión de cambiar de inmediato la cúpula militar, aunque el comandante ya había sido destituido. Al final, eso terminó desactivando el levantamiento, pues los militares se retiraron y el insurrecto Zúñiga fue detenido. Horas antes insistía en que lo que quería era “restablecer la democracia” y “cambiar el gabinete”.

Pero, evidentemente, así no se restablece la democracia y pudo haberse desatado una tragedia mayor, que por suerte se evitó.

Si hay algo que deja como lección este episodio y envía una poderosa notificación a futuras expediciones golpistas es que ni la ciudadanía ni la comunidad internacional están dispuestas a tolerar ninguna alteración del orden constitucional en nuestros países. Fue certero, rápido y unánime el rechazo internacional a lo que estaba sucediendo en el Palacio Quemado y en la Casa Grande del Pueblo, a lo que se añade que la generalidad del estamento militar no se sumó al movimiento, todo en el bien entendido sentido de que este tipo de atropellos a la democracia no hacen más que alimentar la polarización interna y causar incertidumbre en la sociedad, que, por el contrario, necesita mensajes de unidad.

Dicho esto, es urgente que los líderes del país abran un espacio de sensata reflexión y de desarme de los espíritus. Lo sucedido fue el penoso colofón en el que se escenificó la encarnizada disputa entre el presidente Arce y quien fue su mentor, el expresidente Evo Morales, y una dura advertencia de que Bolivia puede involucionar a épocas que se creían ya superadas si no logran gestionar sus diferencias.

Ya llegará el momento para que se aclaren las muchas versiones que se han tejido a partir de las palabras del general Zúñiga, al asegurar que todo fue urdido por el presidente Arce para sacar del camino a Morales. Mientras esto sucede, es necesario atacar allí, en unidad y por las vías institucionales, los graves problemas que acosan a Bolivia. La extendida crisis económica, la escasez de combustibles y de productos básicos, y un largo etcétera no dan espera. Arce, Morales, los militares y la sociedad boliviana no deben ser inferiores a tamaño desafío.

LA NACION

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