Milei y Caputo juegan solos contra Wall Street


Lo más curioso de la reunión del lunes entre Luis Caputo, Santiago Bausili y los bancos fue que se hizo en buenos términos. Se plantearon dudas, el sector venía con cierto malestar porque había estado esperando mejores novedades sobre la salida del cepo, pero no hubo ahí grandes recriminaciones, al menos explícitas. Varios de los asistentes se quedaron incluso hablando después con los anfitriones, como en una sobremesa. Pero el mercado no habla en palabras, sino a través de decisiones de compra y venta, y eso fue exactamente lo que pasó horas después: esa tarde, terminada la rueda, las acciones argentinas en Nueva York cerraban con caídas de hasta el 10%. Los traders no confían todavía en su antiguo par. Al contrario: creen que el ministro está equivocado y va a fracasar.

Es una discusión numéricamente desigual: demasiados contra uno. O tres, si se incluye a Bausili y a Milei. Caputo está convencido de que, en su apuro por que el Gobierno libere las restricciones cambiarias, los bancos interpretaron mal la conferencia de prensa de hace dos viernes. Aquel anuncio, pasar los pasivos remunerados del Banco Central al Tesoro, donde la deuda no genera necesidad de emisión diaria ni condiciona la política de tasas de interés, representó para el ministro de Economía un paso necesario para encarar la segunda etapa del programa, que debería terminar en algún momento en la normalización total. La salida del cepo. “No entienden la potencia de lo que estamos haciendo”, dijo Caputo en privado esta semana, ante las múltiples consultas de empresarios y operadores que le seguían llegando. Supone que con los fundamentals en orden –el superávit fiscal, comercial y de cuenta corriente, la pelea contra la inflación al menos encaminada y la decisión de no emitir– alcanzará para evitar una crisis. Tal vez no algunos días de volatilidad, repite, pero sí un problema serio o estructural.

Tampoco cree necesario devaluar. Dice que, al revés, el dólar está menos retrasado que en los tiempos de la convertibilidad, porque que el tipo de cambio de entonces equivaldría a unos 550 pesos a valores de hoy. “Prometimos equilibrio fiscal y cumplimos; dijimos que no íbamos a devaluar y también: por lo menos créannos que decimos una cosa y hacemos lo mismo”, insistió el lunes ante los banqueros.

Para el mercado sería realmente un acto de fe. Todos han visto múltiples anuncios, ensayos y corridas en la historia argentina. ¿Debería ahora ser distinto? Caputo promete que sí. No habrá sido la primera vez que apueste en soledad: es lo que ha hecho siempre en el sector privado. “Y lo que le permitió ganar”, se entusiasman a su lado. Pero el Estado es otra cosa. Y la Argentina, ni hablar. Sus propios compañeros de equipo, incluidos los del Banco Central, han vuelto en estos días a ver fantasmas. Imaginan conspiraciones contra el Gobierno, otra vez en el mismo lugar: el entorno de Sergio Massa. El miércoles, en una entrevista con Luis Novaresio en LN+, Guillermo Francos lo puso en palabras: “Massa hace el mantenimiento del helicóptero”, dijo.

La volatilidad de bonos y acciones no se atenuó del todo y es probable que siga durante varios días. Y con ella las quejas del equipo económico, que todavía no puede explicarse, por ejemplo, por qué horas después de aquella reunión hubo bancos que ejecutaron un importante volumen de puts, la opción de venta que recibieron de la administración anterior y que les da como tenedores de bonos en pesos el derecho a que el Estado se los compre si estos caen por debajo de una paridad predeterminada. Según datos del Banco Central, fueron exactamente 1,9 billones de pesos. En el Gobierno centraron la atención en el Macro por la buena relación que tiene con Massa. “No hablamos de las carteras de nuestros clientes”, contestaron en el banco ante la consulta. El dólar libre minorista también perturba. Hace por lo menos dos semanas que a Bausili le llama la atención el comportamiento de dos “cuevas” muy presentes en la compra del billete. En un mercado de escaso volumen como ese, el mínimo movimiento puede hacerlo disparar. “Son las dos ‘cuevas’ de siempre”, dijo un operador de cambios a LA NACION. Incomprobable, como todo en este negocio.

Es cierto que Massa ha vuelto a estar activo. “Tengo que trabajar para vivir”, les dice a los empresarios y operadores que recibe en sus oficinas de la Avenida del Libertador, donde funcionan su consultora y su fondo de inversión de riesgo, principalmente enfocado hacia los sectores de hidrocarburos y electricidad en toda América Latina. Ahí despliega energía y creatividad. Se le ocurren hasta notas periodísticas. Traza escenarios políticos. Y hace catarsis cuando, por ejemplo, vuelve a esa noche del balotaje que, recuerda, habría sido distinta si la campaña se extendía una semana más y se consolidaba una recuperación que él daba por inevitable. “Está activo, pero su cara perdió algo de luminosidad, no sé cómo explicarlo”, dijo a LA NACION alguien que lo apuntaló en varias campañas.

Tantas presunciones del Gobierno no alcanzan, de todos modos, para explicar una crisis concreta y complicada. Después de cinco meses de caer, el riesgo país volvió a subir en mayo, no bien el establishment empezó a detectar que el Banco Central acumulaba menos reservas que las previstas. En junio, el resultado neto fue negativo por dos factores: los pagos de deudas a importadores y una menor liquidación del sector energético, que debió exportar menos como consecuencia del frío.

Nada que no haya pasado en otras oportunidades, ahora en medio de vencimientos en dólares y una recesión que el Palacio de Hacienda ya asume más larga de lo previsto. La recaudación, los despachos de cemento y la industria automotriz volvieron a bajar el mes pasado y ya se pierden en promedio 65.000 puestos de trabajo mensuales en el sector privado registrado. La semana pasada, en un seminario en La Rural, Marcos Ayerra, secretario de Economía del Conocimiento, tuvo que hacer malabares discursivos frente a ejecutivos pyme que le preguntaban por el cepo y la política cambiaria.

Son respuestas que no tiene ni Caputo. Y que dependen de imponderables como, por ejemplo, cuántos capitales podrán llegar a un país que tiene ya su Régimen de Incentivo para Grandes Inversores (RIGI) y su blanqueo, pero también un gobierno en minoría parlamentaria y obligado siempre a negociar. Una debilidad que Karina Milei se propone revertir armando una estructura para el conurbano en 2025 y para la que trabajan desde hace varias semanas Adrián y Lule Menem y un especialista en el territorio, Sebastián Pareja. Hoy a las 14 estarán en Morón. Son actos casi calcados. “Habla Martín, mostramos a Karina”, explicó un organizador.

Hasta ahora buena parte de la sociedad acompaña. En diciembre, según las encuestas que maneja Santiago Caputo, a la pregunta de “cuánto tiempo estaría dispuesto a esperar resultados”, la mayoría de los consultados decía “9 meses”. En junio, el mismo ítem extendía la paciencia en 7 meses más. No deja de ser un plazo corto. Por eso tanto interés en lo que se pueda negociar con el FMI. ¿Habrá finalmente un desembolso? En el organismo dejan trascender una urgencia: no ven la hora de que la Argentina vuelva al mercado de deuda y deje de estar atada a este tipo de acuerdos, pero agregan que antes que nada debería conocerse un programa. Dentro del staff hay quienes ven más probable un fondeo no bien se defina el próximo presidente norteamericano. “Si gana Trump, va a ser todo más fácil”, dijo un optimista del mercado. Pero esa elección es en noviembre y la asunción, en enero. Plazos normales de país normal. La Argentina, en cambio, se juega el porvenir en cada rueda bursátil

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