de la mano de la joya Musiala, Alemania dio otro paso firme frente a Hungría y ratificó que es candidato


Siete pasos demanda el camino al título de la Eurocopa. Alemania solo ha dado dos, pero los ha dado con firmeza. Este miércoles no brilló como en la goleada ante Escocia en la apertura del certamen, pero fue muy solvente para derrotar 2 a 0 a Hungría en Stuttgart. De esta manera, el anfitrión asfaltó su sendero a los octavos de final del torneo continental que ganó tres veces, pero que le es esquivo desde que se consagró en Inglaterra 1996.

No se puede cometer tantos errores como los que cometimos en el debut”, había avisado en la víspera de este duelo Marco Rossi, entrenador de Hungría y uno de los cinco italianos que dirigen en esta Euro (Luciano Spalletti conduce a la Azzurra; Francesco Calzona, a Eslovaquia; Domenico Tedesco, a Bélgica, y Vincenzo Montella, a Turquía). No le faltaba razón: su equipo había entregado un frondoso combo de obsequios a Suiza en el duelo que terminó perdiendo 3 a 1 en Colonia.

Con cinco hombres que militan en la Bundesliga y otro, el capitán Dominik Szoboszlai, de gran paso por Leipzig antes de ser transferido a Liverpool el año pasado, los magiares se agruparon muy cerca de su área, renunciaron al balón, cedieron el terreno a su rival y apostaron sus fichas a alguna salida rápida. Sobre el papel, el plan no era malo, pero cuando los hombres vestidos de rosa, azul y morado (esta casaca alternativa de Alemania es la más vendida en la historia del país) comenzaron a moverse y a mover la pelota, la estantería empezó a tambalear.

Pascal Gross con la camiseta más popular de los germanos. 
Foto: APPascal Gross con la camiseta más popular de los germanos.
Foto: AP

La acumulación de futbolistas húngaros en campo propio no bastaba para neutralizar el prolijo ataque de los locales, que contaban con los laterales Joshua Kimmich y Maximilian Mittelstädt trabajando casi como extremos y que llegaban hasta las barbas del arquero Péter Gulácsi con cuatro, cinco y hasta seis hombres. La ruptura de la parda era solo cuestión de tiempo. Y ocurrió a los 22 minutos, cuando İlkay Gündoğan le arrebató un balón en el área a Willi Orbán valiéndose de un sutil empujón (que ni el árbitro neerlandés Danny Makkelie ni los encargados del VAR evaluaron como infracción) y se lo cedió a Jamal Musiala para que el juvenil de Bayern Múnich clavara el 1 a 0.

La modificación en el marcador no alteró el desarrollo del juego. Si bien Hungría dispuso de una oportunidad de oro para igualar con un tiro libre de Szoboszlai que el veterano Manuel Neuer sacó de su ángulo derecho, el control remoto permaneció en manos de los teutones, que mantuvieron el subyugante manejo de la pelota que ya habían exhibido en su primera presentación y llevaron peligro unas cuantas veces hasta el arco de Gulácsi.

Por la calva cabeza de Marco Rossi habrá transitado durante el entretiempo un dilema: sostener la propuesta conservadora y resignarse a una derrota sin gloria o salir de la cueva y arriesgarse a una goleada. Un poco por decisión y otro poco por imposición, su equipo no dio un golpe de timón tras el descanso. Solo por momentos logró escapar de la red que tejían Toni Kroos, Florian Wirtz, Gündoğan y Musiala, y muy esporádicamente consiguió ubicar a tres hombres en en campo contrario y en postura de ataque. En una de esas situaciones, un cabezazo de Barnabás Varga viajó apenas por encima del travesaño del arco de Neuer y asustó a los 51.000 espectadores en el Stuttgart Arena.

Por momentos, el conjunto dirigido por Julian Nagelsmann se permitió regular y proponer un juego menos vertiginoso. Pero eso nunca puso en riesgo el destino del encuentro. De hecho, cuando se jugaban 22 minutos del complemento y luego de una linda maniobra colectiva, Mittelstädt asistió desde la izquierda y el capitán Gündoğan, con un zurdazo casi desde el punto penal, marcó el segundo y expidió la sentencia del partido. Desde entonces, solo fue cuestión de disfrutar y esperar el último pitazo de Makkelie.

Con estos tres puntos, Alemania rompió una racha de tres partidos sin victorias ante Hungría (dos empates y una derrota) y se afianzó en la cima del grupo A, que procurará conservar el domingo a las 16, cuando se mida con Suiza en Frankfurt. En cambio, el día en que se cumplían 86 años de su primer subcampeonato mundial (el 19 de junio de 1938, cayó 4 a 2 en la final frente a Italia en el Estadio Olímpico de Colombes, en París), el seleccionado magiar estuvo muy lejos de una actuación como las de entonces y el domingo, frente a Escocia en Stuttgart, se jugará su última carta para seguir en competencia en esta Euro.

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