la brutal patada de un defensor de Panamá que terminó en penal para Colombia y no fue tarjeta roja


Colombia aplastó a Panamá, lo goleó 5-0 y se metió en las semifinales de la Copa América. La selección que dirige el argentino Néstor Lorenzo contó con un James Rodríguez en un nivel fantástico y no tuvo contemplaciones ante su rival centroamericano. Fue Miguel Borja quien le puso el broche final al triunfo, pero el delantero de River le debe su tanto a José Córdoba, defensor panameño.

José Ángel Córdoba Chambers, tal es su nombre completo, tiene 23 años y no es ningún improvisado en el arte del fútbol: surgió en el club Independiente de su país, pasó al fútbol búlgaro y el mes pasado se convirtió en refuerzo del famoso Norwich City FC, que juega en la Segunda de Inglaterra y desembolsó casi cuatro millones de dólares por su pase. Sin embargo, ante Colombia, el bueno de Córdoba cometió una infracción digna del fútbol amateur.

Lo dicho, Colombia bailó a Panamá y mucho le debió a los errores garrafales de la defensa «canalera», que dejó pasar a James, Luis Díaz y compañía con la inocencia propia de los viejos tiempos de la Concacaf. Pero si algo le faltaba a la fallida tarde de Panamá en Glendale, Arizona, era el penalazo de Córdoba sobre la humanidad de Arias.

El lateral derecho de Colombia apareció solo por su carril y se metía en el área por enésima vez cuando llegó Córdoba como una locomotora y en su intento de rechazar la pelota terminó pateando la pierna de su colega futbolista, levantándolo por el aire. Fue tan terrible la infracción que agresor y agredido terminaron revolcándose sobre el césped, doloridos y mareados tras el impacto.

Quizás el hecho de ver al panameño en el piso, que el partido estaba definido, o porque el reloj ya estaba en el minuto 92, el árbitro italiano Maurizio Mariani marcó el evidente penal pero apenas le sacó tarjeta amarilla a Córdoba. El VAR, manejado por otro tano, Marco Di Bello, tampoco apareció para darle una cuota de sentido común, manteniendo la coherencia que mostró durante el torneo.

Poco le importó a Miguel Borja, que tomó la pelota y la mandó al fondo de la red, sentenciando la goleada y agrandando la confianza y la fe de todo Colombia para soñar con la Copa América, un título que sólo ganó una vez, en 2001, cuando la organizó en casa.

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